miércoles, 24 de junio de 2015

Compañerismo

 
Este vídeo se ha vuelto viral en internet. Estamos tan acostumbrados a escuchar malas noticias sobre jóvenes, que cuando vemos un caso como este no es de extrañar que rápidamente se extienda. No todo es bulling en los colegios. También el compañerismo se puede enseñar, como en este caso donde un profesor anima y acompaña especialmente a un alumno discapacitado para que acabe la carrera en la que participa. Al final, y siguiendo el ejemplo de su entrenador, son todos los compañeros los que vuelven atrás y acompañan a su amigo hasta la meta.


jueves, 18 de junio de 2015

No es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto

 
La falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza y el impacto ambiental de las decisiones es sólo el reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras. Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza».
Esta situación nos lleva a una constante esquizofrenia, que va de la exaltación tecnocrática que no reconoce a los demás seres un valor propio, hasta la reacción de negar todo valor peculiar al ser humano. Pero no se puede prescindir de la humanidad. No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología. Cuando la persona humana es considerada sólo un ser más entre otros, que procede de los juegos del azar o de un determinismo físico, «se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad» (...).

(...) Si la crisis ecológica es una eclosión o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano. Cuando el pensamiento cristiano reclama un valor peculiar para el ser humano por encima de las demás criaturas, da lugar a la valoración de cada persona humana, y así provoca el reconocimiento del otro. La apertura a un «tú» capaz de conocer, amar y dialogar sigue siendo la gran nobleza de la persona humana. Por eso, para una adecuada relación con el mundo creado no hace falta debilitar la dimensión social del ser humano y tampoco su dimensión trascendente, su apertura al «Tú» divino. Porque no se puede proponer una relación con el ambiente aislada de la relación con las demás personas y con Dios. Sería un individualismo romántico disfrazado de belleza ecológica y un asfixiante encierro en la inmanencia.

Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: «Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social».
Extracto de la Carta encíclica Laudato Si del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. Las negritas son mías.

miércoles, 17 de junio de 2015

Entregó al Papa el instrumental con el que practicaba abortos

 
Antonio Oriente, ginecólogo italiano, llevaba años practicando abortos y deseando tener un hijo cuando, en un momento de iluminación pensó: «¿Cómo puedo pedir un hijo al Señor cuando yo mismo mato a los hijos de los demás?». Su matrimonio estaba destruido, su fe era inexistente y su principal quehacer como médico consistía en matar a los bebés de sus pacientes.
Un día, después de asistir a un encuentro de oración, escribió: «Nunca más muerte, hasta la muerte». Y dejó de practicar abortos. Años después, su mujer quedó embarazada. Hoy, son los padres de dos adolescentes.

En 2013, Oriente tuvo la oportunidad de saludar al Santo Padre al recibir éste a una delegación de ginecólogos de Mater Care. El médico le llevó el instrumental con el que solía practicar abortos. Hoy, Antonio Oriente, es el vicepresidente de la Asociación Italiana de Ginecólogos y Obstetras Católicos (AIGOC).

domingo, 14 de junio de 2015

Ideología de género: una forma falsa y arbitraria de configurar la vida humana

 
El filósofo ingles Thomas Hobbes (1588 - 1679) afirmaba con contundencia que es la autoridad, y no la verdad, la que hace la ley. Hobbes, en cierta forma, sentó las bases de la mentalidad contemporánea que defiende que a través de la ley se puede hacer cualquier cosa. Ideología pura que rige la política, la educación y las instituciones sociales, y que impide que prevalezca todo lo que por naturaleza es propio de la condición humana. ¿Os suena de algo? Es el paradigma de la ideología de género que pretende modificar la naturaleza humana.
Afirma Ratzinger que la ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura. La ideología de género se fundamenta en el odio a la naturaleza humana, que se niega para construir una nueva identidad cultural subjetiva que arremete contra la obviedad de que el hombre y la mujer son seres biológicos con unas características que les vienen dadas por la naturaleza y, consecuentemente, por su capital genético. Por el contrario, la ideología de género afirma que el sexo biológico no existe sino que está superado por el sexo cultural. Según este disparate el concepto de sexo debe ser sustituido por el de género, ya que la diferencia entre hombres y mujeres dependería supuestamente no de elementos biológicos sino de factores sociales o culturales.

Como decía antes, la ideología de género es una ideología de negación y de odio que pretende instaurar una sociedad donde la identidad sexual sea sustituida por orientaciones sexuales elegidas por cada cual. Negar la realidad para afirmar una nueva forma de configurar la vida humana absolutamente arbitraria y falsa.

La muerte del sentido de la humanidad

 
"El aborto es la muerte del sentido de la humanidad."
Clemente de Alejandría (Atenas, c. 150 - Antioquía, c. 213). Padre de la Iglesia griega. Discípulo de Panteno. Maestro de Orígenes.

sábado, 13 de junio de 2015

No es lo mismo Fecundación asistida que Fecundación artificial

 
La reproducción artificial traslada la procreación de la intimidad del matrimonio a un laboratorio. La vida como producto o resultado de una actividad científica. ¿Quiere esto decir que toda ayuda científica para solucionar problemas de esterilidad es moralmente reprobable? En absoluto. Ciertas técnicas que se encuentran entre lo que se conoce como Fecundación asistida, son válidas.
El Papa Pio XII ya especificó a mediados del siglo pasado que ‘la conciencia moral no prohíbe necesariamente el uso de algunos medios artificiales destinados exclusivamente sea a facilitar el acto natural, sea a procurar que el acto natural realizado de modo normal alcance su propio fin’ (Discurso 29-IX-1949).

Ahora bien, una cosa es la fecundación asistida y otra muy diferente la inseminación artificial, reproducción artificial, o fertilización in vitro; una cosa es que la técnica facilite que el acto conyugal alcance su fin y otra que la técnica sustituya el acto conyugal, rompiendo la unidad del matrimonio, esto es, ‘el derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro’ (Instrucción Dignitas personae).

viernes, 12 de junio de 2015

'Tranquility', diagnóstico prenatal al servicio de la muerte

 
Como sabéis, desde hace algún tiempo existe un nuevo test no invasivo capaz de detectar anomalías cromosómicas en el feto. Se utiliza a partir de la décima semana de gestación y los resultados se obtienen en los 10 días siguientes. Los fabricantes de este test de diagnóstico prenatal le han puesto un nombre comercial peculiar que lo dice todo: Tranquility. Eugenesia pura amparada en la 'tranquilidad' de los padres que acaban con la vida de su hijo enfermo.
Genoma es la compañía suiza con sede en Ginebra, que fabrica y comercializa el test de diagnóstico prenatal que permite a padres y médicos practicar la eugenesia con 'tranquilidad'. En su propia web declaran que su principal objetivo es ayudar a las familias ofreciéndoles una mayor información sobre su salud y la de sus bebés, a través de productos y servicios precisos, fiables y seguros. Literalmente dicen (las cursivas entre paréntesis son mías): "El diagnóstico precoz de una enfermedad o desorden (en este caso anomalías cromosómicas como el Síndrome de Down, la trisomía 18 o la Trisomía 21 entre otras), permite tomar las decisiones apropiadas (la decisión de abortar) para evitar problemas de salud en el futuro (que tu hijo discapacitado nazca); los servicios de Genoma te ayudan a identificar estos desórdenes y anticiparte (matar al bebé) protegiendo tu salud y la de los tuyos (¿?), recibiendo inmediatamente el tratamiento más apropiado (el ‘tratamiento más apropiado’… ¡esto sí que es un eufemismo!) y disfrutando de una vida más sana (¿matar a tu hijo hace que lleves una vida más sana?)".

El producto llamado Tranquility es, para la empresa Genoma, del grupo Esperite, pura medicina preventiva y una prueba palpable de que el diagnóstico prenatal actualmente está puesto al servicio de la muerte.

lunes, 8 de junio de 2015

Misa frente al abortorio

 
Creo que esta imagen merece la pena. Se trata de una misa celebrada en la calle, justo frente al abortorio de Planned Parenthood en Denver (EEUU). Como sabéis, Planned Parenthood es el mayor proveedor de abortos mundial. La idea partió de los organizadores de la campaña Cuarenta Días por la Vida y, en concreto del sacerdote Joseph Hearty, de la iglesia Our Lady of Mount Carmel en Littleton.
El padre Hearty celebró la Misa Tridentina, como puede verse en la imagen por la disposición del altar. Pero no se trató de una única misa, sino de un ‘rally’ de seis misas, celebradas en el mismo lugar durante la campaña, una de ellas en español.

Una insuperable manera de luchar contra el aborto. 

domingo, 7 de junio de 2015

Corpus Christi

 
La Eucaristía, sacramento de comunión con Dios y los hermanos: «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1Cor 12,26).
El apóstol Pablo les decía a los cristianos de Corinto que la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene el poder de establecer una comunión tan fuerte entre quienes creen en Él que aleja del corazón humano la indiferencia y la división: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1Cor 10,16-17).

Esta comunión eucarística, que nos transforma en Cristo y nos permite crecer como miembros de su cuerpo, nos libera también de nuestros egoísmos y de la búsqueda de los propios intereses. Al entrar en comunión con los sentimientos de Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, se nos abre la mente y se ensancha el corazón para que quepan en él todos los hermanos, especialmente los necesitados y marginados. «Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad».
"Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a convertirnos en aquello que recibimos" (San León Magno): cuerpo de Cristo entregado y sangre derramada para la vida del mundo. Desde la comunión con Cristo llegamos a ser siervos de Dios y de los hombres. De este modo, la Eucaristía constituye, en palabras de Benedicto XVI, «una especie de antídoto» frente al individualismo y la indiferencia, y nos impulsa a lavar los pies a los hermanos.

Extracto del mensaje La Eucaristía, antídoto frente a la indiferencia, de los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social con motivo de la festividad del Corpus Christi. Texto completo aquí.

viernes, 5 de junio de 2015

La vuelta a casa fue mortal... (un testimonio real)

 
Ustedes todavía no lo saben, pero yo aborté. Sí, me sometí a un aborto. Mi hijo tenía graves malformaciones, que comprometían su normal desarrollo. Vamos, que la vida tal y como nosotros la concebimos y la conocemos, para él no era ni tan siquiera un sueño. Aún recuerdo la impresión gigantesca de ver su médula flotando en el líquido amniótico, como el aceite en el agua, pero con los colores brillantitos esos de las ecografías modernas, y el impulso de tirarme en ese mismo momento al suelo, a chillar, a patalear. Sé que volví la cabeza para no ver más. “Si no quieres que te enseñe su carita, dímelo”, pero yo ya no oía nada, sólo quería salir corriendo. Oía mi propio llanto. No sabía ni dónde estaba, ni qué hora era. Estábamos confirmando un diagnóstico que mi ginecóloga en una visita de rutina nos había apuntado esa misma tarde. Ella nos había preparado para algo gordo, pero aun así el verle chupándose el dedito, ajeno al horror que nosotros sí veíamos en la pantalla fue de un impacto emocional insoportable.
Mi marido me decía que no llorara, pero mi mente yo ya no sé dónde estaba (…). El hombre ha llegado a la luna, hablamos por móviles sin cables, hay inventos para todo. ¿Cómo esto no tiene remedio, cómo no hay vuelta atrás? Yo también había visto por Internet esa imagen de una niña operada de espina bífida en el vientre de la madre. Pero ese, por desgracia, tampoco era nuestro caso, y nuestro niño no era operable. Lo teníamos todo perdido.

(…) Aun así fui a neurocirugía y planteé la posibilidad: ¿qué habría que hacer si esas lesiones no se hubiesen descubierto hasta el día del parto? (Pues en realidad, yo pasé sin problemas el “pliegue nucal”, el triple screening, la ecografía de las 20 semanas… y nadie detectó nada) En otras palabras:
¿Qué pasaría si yo no aborto –no “interrumpo el embarazo”- y me presento aquí el día del parto? El neurocirujano me dijo, una vez más con cariño, que sería algo excepcional puesto que, de entrada, tendría que ser un parto programado entre los equipos de ginecología, pediatría y neurocirugía. Y no se había dado todavía el caso de un parto programado de esas características.

No me daba miedo. Siguiente paso. No tengo la menor esperanza de salvarle la vida. Sé que se va a morir, pero cuando nazca me lo llevaré a mi casa, y que se muera con su hermana, con su padre y con su madre. En su casa y en su cama. Otra vez la dulce oposición: “No te lo puedes llevar a tu casa, si llegara a nacer, tendría que estar por lo menos tres meses ingresado. Tendríamos que hacer lo posible para mejorar, aunque sea ínfimamente, su existencia. Ten en cuenta que ahora no puede nacer (yo estaba en la semana 22, de casi 5 meses) y sus lesiones habrán evolucionado a peor. Para entonces tendrá las extremidades inferiores deformadas por la ausencia de movimiento que haya tonificado sus tendones y músculos, y esas deformidades se reparan en no menos de 9 o 10 operaciones. Y esa es la parte fácil (…). Vamos, si nace, a tu casa no te vas.”
A contrarreloj me puse a buscar a cualquiera que me pudiera ayudar, animar, arrojar luz en ese túnel. Al mismo tiempo, no quería decir nada a la persona equivocada para que nada ni nadie me condicionase.

Estaba aturdida, pero tenía las suficientes luces como para intuir que, hiciera lo que hiciese, aquello iba a pesarme durante mucho tiempo. No estaba dispuesta a soportar un mal consejo. Con todas las consecuencias, haría lo que yo creyese. Si me equivocaba, iba a ser yo quien cargara con las consecuencias. Hablé con un neurocirujano por teléfono. Me pidió que le leyera el diagnóstico y algunas precisiones técnicas. (Le dije que…) me conformaba con que supiera que tenía un padre y una madre, y que le queríamos. Que no iba a estar solo. A semejantes planteamientos, el neurocirujano me contestó enfadadísimo “tu hijo no va a conocer nada de eso; tu hijo sólo va a conocer sufrimiento y dolor. Es más, cuando yo veo esos niños, que sus padres los han traído al mundo sabiendo cómo venían, me dan ganas de hacerles a los padres lo mismo que tenemos que hacer a sus hijos, para que fuesen realmente conscientes de las consecuencias.” Aquel “sólo va a conocer sufrimiento y dolor” me hirió tanto, que sentí como si me hubiesen clavado una espada sin sentirla, como si hubiera empezado a morirme poco a poco.
Así me fui rindiendo y el impulso inicial de luchar y de, al menos, intentarlo se fue diluyendo. Soy una persona creyente y le rogué al Señor “Aparta de mí este Cáliz. Ahora bien, si ha de ser así, te pido fuerza para resistir esto.” Me encomendé a la Virgen María para que me ayudara a acompañar a mi hijo en ese viaje, al igual que ella lo hizo a los pies de la cruz. Recuerdo cómo ni dormí “hablando” con mi hijo y preparándole para el destino que ya no podíamos evitar. El camino lo haríamos juntos, no le iba a soltar la mano, iba a estar con él hasta el final. En un alarde de soberbia le dije a Dios que aceptaba mi destino, me resignaba, lo aceptaba si ésa era Su voluntad. Pero por favor que me devolviera a mi hijo. Que mi hijo volviera, que me lo enviara más adelante. ¿Por qué tenía mi hijo que sufrir ese destino? ¿Qué había hecho de malo mi hijo?

Una vez asumido que no podíamos seguir, preparamos los papeles para irnos a Madrid. Me preparé mentalmente para el impacto y me concentré en resistir. Al menos que no me muera, que pueda cuidar de mi hija. La visita a la clínica merece un capítulo aparte. Pero sí quiero incidir en lo sórdido que me resultó. Solo recuerdo colores blancos y grises. Lo cierto es que me trataron con cariño y muy bien. Una enfermera me dijo que yo “era distinta de las demás”, no sé si se refería a que yo iba a la fuerza y el resto no, no le pregunté. Esos recuerdos, los de la clínica, son los que tengo más desordenados, no sé qué pasó antes y qué después. Recuerdo a una niña flanqueada por sus padres. La recuerdo con una sonrisa boba, como quien va de visita al museo. Recuerdo cuando el niño dejó de moverse, finalmente, recuerdo cómo al cerrar los ojos mientras arqueaba la espalda para la epidural, me vi ante un abismo negro y frío “¿Qué he hecho? ¡He matado a mi hijo!”. Yo no lo sabía, pero en aquel momento empezó mi síndrome post aborto. Luego vino el parto. Si, te puedes hacer a la idea de que tu hijo no va a vivir y todo lo que tú quieras, pero el cuerpecito no se esfuma por arte de magia, ni se reabsorbe por el cuerpo: hay que sacarlo. Y a mí, como a toda mujer embarazada, también había que sacarme el mío, solo que el mío ya era grandecito y tuve que parirlo, como en un parto normal, con oxitocina, con contracciones y por supuesto, con dolor.
(...) La diferencia entre los que pierden un hijo que simplemente muere y los que abortamos, es que nosotros tenemos la sensación de haberles abandonado. La vuelta a casa fue mortal. Todo había pasado tan rápido (de jueves a martes) que no habíamos tenido tiempo de quitar todas las cosas de bebé de mi hija mayor que aún no habíamos guardado, esperando a que naciera su hermano. Encontrarme a cada paso con chupetas, pañales, la bañera, biberones…..todo recordándome que yo iba a tener un hijo, fue muy duro. Y ya para remate, vino la subida de la leche, aunque había tomado pastillas para ello, se ve que el cuerpo no entiende de todo esto, y la leche subió exactamente igual que con mi hija mayor. Eso era la evidencia más grande de que yo iba a tener un hijo. Sano o enfermo, pero mi hijo. Ya no estaba embarazada. Mi hijo se había ido para siempre. Y no había podido ni verle, ni tomarle en brazos, ni darle un beso. Me habían recomendado que no le viera, porque si un feto de cinco meses es impresionante de ver, un feto de cinco meses con espina bífida es todavía más duro. Ingenua de mí, hice a pies juntillas todo lo que me aconsejaron. No quiero poner a nadie en duda, pero desde entonces pienso que a quien le quité desde luego un sufrimiento fue a los médicos que hubieran tenido que atenderme, si llego a seguir adelante. Ellos se quitaron un marrón. A mí me echaron encima una losa.

Los siguientes días los recuerdo entre llantos, pesadillas, aturdimiento y dolor. Me dolía todo el cuerpo como si me hubiera atropellado un camión. El stress insoportable que habíamos sufrido hizo mella en nosotros. Yo traté de “cerrarme” y soportar simplemente el impacto. Y de ahogar cualquier atisbo de duda: “hemos hecho lo mejor, no teníamos opción, y desgraciadamente eso era lo único que podíamos hacer por él. Hay que mirar hacia delante y punto”. Sin embargo, recuerdo tener ganas de no levantarme de la cama, de dormir indefinidamente y despertar dentro de diez años, cuando hubiera digerido todo esto. Me costaba hasta pestañear. No entendía ni procesaba mentalmente nada de lo que me decían, estaba aturdida y atontada. A pesar de que yo soy muy habladora, me cansaba incluso hablar, no tenía fuerzas.
Alguna persona que me encontré me preguntó que qué había tenido, si había sido niño o niña. Todo el mundo flipaba con la historia, y la verdad es que recibí muchas muestras de cariño y de pena. Eso me ayudaba, pero tenía un agujero en el alma imposible de llenar. Empecé a preguntarme si, después de hacerle al cuerpecito los exámenes pertinentes para saber si lo suyo podía repetirse en más hermanos, podría recuperar el cuerpecito y al menos enterrarlo, y quise saber si se le podía bautizar aunque estuviera muerto, pero el cuerpo no era recuperable Tuve sensación de volverme loca por momentos. Lo único que me mantenía medio atenta era atender a mi hijita pequeña, de apenas un año. Ella no lo sabe, pero me salvó la vida.

Prácticamente tuve que volver a empezar de cero en todo. Había sido un episodio tan impresionante que me había quedado K.O., desorientada, sin referentes. Creo que estuve en estado de shock al menos un año y medio. Sin exagerar. Un año y medio en vacío, del que no recuerdo nada. Sé que uno de mis hermanos se casó, pero no recuerdo nada más. En blanco. He tardado mucho en ir poniendo las cosas en su sitio, en poder hacer un juicio sobre todo lo que pasó y cómo debería haber sido según mi modesta opinión. Ha sido como un “ir despertando”, y todo ello me ha ido dando una medida del sufrimiento al que nos vimos sometidos, la salvajada tan grande que supuso, y, sinceramente, lo injusto que fue todo. El robo de algunas cosas intangibles como nuestro derecho a sufrir, como nos dé la gana, el destino que por gracia o desgracia nos había tocado. Y el robo de nuestro derecho inalienable como padres de besar, abrazar y ver a nuestro hijo. Sano o enfermo. De enterrarle. ¡De ponerle un nombre! ¿Quién era mi hijo, el cuerpecito número 27? No es justo. Cuando no es posible curar, hay que ayudar a morir. No somos, todavía, tan inhumanos.
(…) Ésta es mi experiencia. No trato de convencer a nadie para que no aborte. Yo misma lo hice, y entiendo que pueda parecer una salida. Sin embargo, mi conclusión es que quizá sea mejor afrontar serenamente lo que se presente: la vida es más compleja a veces de lo que parece, y vivimos en un mundo muy cómodo. Creemos que se puede hacer todo, pero abortar no es devolver el recibo, o no confirmar finalmente el encargo. No es un viaje hacia atrás en el tiempo. La vida avanza hacia delante, y el aborto tendrá a su vez, sus propias consecuencias. Cuando un embarazo se ve como algo difícil de asumir, lo que hay que hacer es ayudar.

A.S.                  

El texto anterior es un extracto del testimonio publicado en el blog Mujer, vida y esperanza, bajo el título Derecho a sufrir II, el 9 de mayo de 2015. Texto completo aquí.

miércoles, 3 de junio de 2015

Ser padre

 
Si el Señor alaba y premia al servidor fiel por haber hecho fructificar cinco talentos (cf. Mt 25. 21), ¿qué elogio, qué recompensa reservará al padre que ha custodiado y educado para él la vida humana que se le confió, superior a todo el oro y toda la plata del mundo?
Palabras del papa Pío XII al congreso de la Unión Católica Italiana de Obstétricas (1951).

martes, 2 de junio de 2015

La reproducción artificial es deshumanizadora

 
Pienso que uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que lo que se consideran aspectos imprescindibles para alcanzar la felicidad se han constituido en derechos; por ejemplo, se tiene un supuesto derecho a no tener hijos, aunque ello suponga recurrir al aborto quirúrgico o a la píldora abortiva. De la misma forma, y en aras de una mal entendida libertad, nuestra sociedad considera que también existe un supuesto derecho a tener hijos, aunque ello implique recurrir a la reproducción artificial, la compra-venta de óvulos o esperma, la fabricación in vitro de embriones humanos, la congelación de embriones, la selección embrionaria preimplantacional, la eugenesia, y otra serie de prácticas inmorales que atentan contra la vida y la dignidad del ser humano.
Este supuesto derecho a los hijos conculca el derecho real de toda persona a tener una gestación y un nacimiento humanamente dignos, y a una familia normalmente constituida: "con semejantes procedimientos el ser humano queda defraudado en su derecho a nacer de un acto de amor verdadero y según las normas propias de los procesos biológicos, quedando marcado desde el principio por problemas de orden psicológico, jurídico y social que lo acompañarán toda su vida" (San Juan Pablo II).

Resulta dramático comprobar que mientras el hijo no planificado se ha convertido en un objeto indeseable que puede ser destruido, el hijo deseado también es cosificado como objeto de deseo.
De la misma manera que los llamados medicamentos abortivos no curan nada, sino que destruyen, y el aborto no es una técnica médica, tampoco las técnicas de reproducción asistida son terapéuticas, pues no curan la esterilidad. La reproducción artificial es deshumanizadora y sobrepasa los límites del derecho que tiene cualquier persona a intentar tener un hijo. El deseo de ser padres no puede anteponerse al derecho a la vida y a la dignidad de cada ser humano.

Arte por la vida

 
El mes pasado os mostraba unas espectaculares esculturas realizadas por Damien Hirst en bronce y que se conocen como "El viaje Milagroso". Se trata de un conjunto de obras que representan los distintos estadios que se producen durante la gestación, desde la fecundación del óvulo hasta la culminación del embarazo con el nacimiento de un bebé y que llevan varios años expuestas en Qatar.
Hoy en la imagen os traigo una escultura de otra parte del planeta. Se trata del "Milagro de la Vida", que se encuentra en la ciudad de Luque, en Paraguay. El arte que promueve una Cultura por la vida es siempre importante como medio transmisor de valores. Tanto el conjunto escultórico de Qatar como la escultura de Luque, en Paraguay, son una celebración de la vida aún no nacida, un reconocimiento de su existencia y de su necesidad de cuidado y protección.

lunes, 1 de junio de 2015

Aborto selectivo por sexo en España

 
La web Religión en Libertad cuenta la historia de una mujer vietnamita, de la provincia de Hai Duong, que abortó 18 veces, después de saber que en todas las ocasiones el bebé que esperaba era una niña, porque su marido quería tener un hijo varón, algo muy extendido en Asia y en particular en zonas rurales de Vietnam donde se mantiene la tradición de que sólo los primogénitos varones sean herederos.
No pensemos que esta es una práctica que se realiza sólo en sociedades atrasadas. En España, sin ir más lejos, también se producen abortos selectivos en función de sexo. El Diario El Mundo informa que, a pesar de que la media española de natalidad es de 107 varones por cada 100 mujeres, En España nacen 117 niños de origen indio por cada 100 niñas, y 116 varones de origen chino por cada 100 mujeres. Curiosa desproporción que hace sospechar que se practica el aborto selectivo por sexo.

¿No hay ningún lobby detrás de la defensa de la vida?


El Papa insiste en lo que siempre ha dicho la Iglesia: el grado de progreso de una civilización se mide por la capacidad de proteger la vida, sobre todo en sus fases más frágiles. No veo que a estas importantes declaraciones se les de la difusión que se le ha dado a otras. ¿No hay ningún lobby detrás de la defensa de la vida?
El aborto, la falta de ayuda a los inmigrantes, las muertes laborales debidas a la inseguridad en el trabajo, el hambre, el terrorismo, la guerra, la violencia, la eutanasia. Todos son atentados contra la sacralidad de la vida humana.

Amar la vida, ha dicho el Papa, es siempre tener cuidado del otro, quererlo bien, cultivar y respetar su dignidad trascendente.
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).