martes, 2 de junio de 2015

La reproducción artificial es deshumanizadora

 
Pienso que uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que lo que se consideran aspectos imprescindibles para alcanzar la felicidad se han constituido en derechos; por ejemplo, se tiene un supuesto derecho a no tener hijos, aunque ello suponga recurrir al aborto quirúrgico o a la píldora abortiva. De la misma forma, y en aras de una mal entendida libertad, nuestra sociedad considera que también existe un supuesto derecho a tener hijos, aunque ello implique recurrir a la reproducción artificial, la compra-venta de óvulos o esperma, la fabricación in vitro de embriones humanos, la congelación de embriones, la selección embrionaria preimplantacional, la eugenesia, y otra serie de prácticas inmorales que atentan contra la vida y la dignidad del ser humano.
Este supuesto derecho a los hijos conculca el derecho real de toda persona a tener una gestación y un nacimiento humanamente dignos, y a una familia normalmente constituida: "con semejantes procedimientos el ser humano queda defraudado en su derecho a nacer de un acto de amor verdadero y según las normas propias de los procesos biológicos, quedando marcado desde el principio por problemas de orden psicológico, jurídico y social que lo acompañarán toda su vida" (San Juan Pablo II).

Resulta dramático comprobar que mientras el hijo no planificado se ha convertido en un objeto indeseable que puede ser destruido, el hijo deseado también es cosificado como objeto de deseo.
De la misma manera que los llamados medicamentos abortivos no curan nada, sino que destruyen, y el aborto no es una técnica médica, tampoco las técnicas de reproducción asistida son terapéuticas, pues no curan la esterilidad. La reproducción artificial es deshumanizadora y sobrepasa los límites del derecho que tiene cualquier persona a intentar tener un hijo. El deseo de ser padres no puede anteponerse al derecho a la vida y a la dignidad de cada ser humano.
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).