martes, 5 de mayo de 2015

Sexo con alma y cuerpo

 
«La gran mayoría de los cursos de educación afectivo-sexual que se imparten en la red de enseñanza pública (a veces incluso en la privada) son abiertamente antinaturales por haber asumido la ideología de género. No ofrecen una educación sexual sino una mera enseñanza de la práctica genital. Es como si nos diesen un cursillo de como conducir un coche sin enseñarnos las nociones del código de circulación y sin que supiésemos a dónde poder dirigirnos con él.»
«Décadas atrás solía argüirse que era conveniente convivir antes de casarse para poder dar el paso al matrimonio con mayor seguridad. Posteriormente hemos podido constatar que el índice de rupturas matrimoniales es superior en quienes han convivido previamente, a lo que hay que añadir el alto número de convivencias prematrimoniales que terminan en la ruptura sin llegar a la boda (y que por la forma de relación establecido resultan ser un minidivorcio).»

Del libro “Sexo con alma y cuerpo” de Mons. José Ignacio Munilla.

2 comentarios:

Maria De Los Ángeles dijo...

Mi querida amiga, ¡¡¡Sois tan jóvenes!!!
En mis tiempos ni había información, ni intimidad y además te exigían ir virgen al matrimonio. Ahora lo tenéis todo mucho mejor, pero...siempre hay un pero, quizá no seáis tan felices como hemos sido las que ahora estamos jubiladas.
¡Que conste que no lo digo por ti!
Un besito

CHARO dijo...

Que verdad más grande dices. Estoy jubilada y lo que está claro que no hay tantos divorcios en personas de mi generación. Creo en el divorcio pero en casos extremos, desgraciadamente hoy se divorcian por auténticas tonterías y es que falta AMOR.Besicos

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).