domingo, 31 de mayo de 2015

¿Por qué sufren los niños?

 
«Hay una pregunta que yo me hago muchas veces, y también vosotros, y mucha gente: ¿por qué sufren los niños? Y no hay explicaciones. Es un misterio. Solo mirando a Dios pregunto: ¿por qué? Y mirando la cruz: ¿por qué Tu Hijo está ahí? Es el misterio de la cruz.
Muchas veces pienso en la Virgen, cuando le entregaron el cuerpo muerto de su Hijo, todo herido, escupido, ensangrentado, sucio. ¿Y qué hizo la Virgen? ¿Dijo “llévenselo”? No, lo abrazó, lo acarició. La Virgen tampoco entendía esto, porque ella se acordaba de lo que le había dicho el ángel: “Éste será grande, y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará”... Tampoco ella tenía respuestas.

Cuando los niños crecen, llegan a una cierta edad en la que no comprenden bien cómo es el mundo. Y comienzan a hacer preguntas: “Papá, ¿por qué?, mamá, ¿por qué?” .Y cuando el papá o la mamá empiezan a explicar, no escuchan: preguntan otra vez, otro ‘por qué’. No quieren escuchar la explicación. Solamente, con este ‘por qué’ llaman la atención del papá y de la mamá, para atraer su mirada.
Nosotros podemos preguntar al Señor: Pero Señor, ¿por qué? ¿Por qué los niños sufren? ¿Por qué este niño? El Señor no nos dirá palabras, pero sentiremos su mirada sobre nosotros, y esto nos dará fuerzas.

No tengan miedo de preguntar, incluso de desafiar al Señor: ¿Por qué? Quizá no llegue ninguna respuesta, pero su mirada de Padre te dará la fuerza para seguir adelante. Y también te dará un sentimiento distinto... Y quizá este sentimiento de ternura hacia tu niño enfermo sea la explicación, porque es la mirada del Padre.
No tengan miedo de preguntar a Dios ‘por qué’. Desafiarlo: ¿por qué?, siempre que tengan el corazón abierto para recibir su mirada de Padre. La única explicación será: “También mi Hijo sufrió”. Pero esa es la explicación. La cosa más importante es la mirada. Y vuestra fuerza está ahí: en la mirada amorosa del Padre.

Ustedes podrían preguntarme: “Pero usted que es obispo, que ha estudiado tanta teología, ¿no tiene nada más que decirnos?”. No. La Trinidad, la Eucaristía, la gracia de Dios, el sufrimiento de los niños son un misterio. Y solamente se puede entrar en el misterio si el Padre nos mira con amor.
De verdad, no sé qué decirles porque admiro muchísimo su fortaleza, su valentía. (El Papa se dirige a una mamá): Usted ha dicho que le aconsejaron el aborto. Pero usted dijo: “No, que nazca, tiene derecho a vivir”. Nunca, nunca se resuelve un problema matando a una persona. Nunca. Ése es el reglamento de los mafiosos: “Tenemos un problema, pues matamos a éste... ¡Nunca!”.

Yo les acompaño así como soy, como siento. Y de verdad, yo no siento una compasión momentánea, no. Yo les acompaño con el corazón en este camino, que es un camino de valentía, que es un camino de cruz, y es también un camino en el que su ejemplo me hace bien. Y les agradezco que sean tan valientes. Muchas veces, en mi vida, fui cobarde, y el ejemplo de ustedes me hizo bien, me hace bien.
¿Por qué sufren los niños? Es un misterio. Hay que llamar a Dios como el niño llama a su papá y le pregunta: ¿Por qué, por qué? Atraer la mirada de Dios, que lo único que nos dirá es: “Pero mira, también mi Hijo”.

En un mundo donde diariamente se vive la cultura del descarte, donde lo que no va bien se descarta, ustedes puedan llevar esta heroicidad. Me permito decirlo así, no es una lisonja, no, lo digo desde el corazón. Ustedes son pequeños héroes de la vida.

Yo he escuchado muchas veces la gran preocupación de papás y mamás como ustedes, y estoy seguro de que es la suya: que mi hijo no se quede solo en la vida, que mi hija no se quede sola en la vida. Es posiblemente la única ocasión en la que los padres piden al Señor que llame primero al hijo, para que no se quede solo en la vida. Y esto es amor.
Les agradezco su ejemplo. No sé qué más decir, de verdad, porque estas cosas me afectan mucho. Yo tampoco tengo respuestas. “¿Pero usted es Papa, ¡debe saber todo!”. No, sobre estas cosas no hay respuesta, solo la mirada del Padre. Y luego, ¿qué hago yo? Rezo, por ustedes, por estos niños, por ese sentimiento de alegría, de dolor, todo mezclado, del que ha hablado nuestro hermano (el Papa se refiere al padre de un niño enfermo que ofreció su testimonio).
Y el Señor sabe consolar este dolor de modo especial. Que sea Él quien dé el consuelo apropiado a cada uno de ustedes, ése del que tienen necesidad...

No olviden esto: llamar al Señor. Él sabrá cómo vendrá, cuándo vendrá, y éste será su consuelo. Recen por mí también. Gracias».
Palabras del Papa Francisco el viernes 29 de mayo n el encuentro del Santo padre en la Capilla de la Casa de Santa Marta con un grupo de 20 niños de entre 2 a 14 años gravemente enfermos y discapacitados.

Fuente: News.va

1 comentario:

pleamar dijo...

Hermosa carta !!! Esperanzadora, nunca estamos solos, tampoco los niños, los hijos....especialmente en momentos difíciles hay que pedir a Dios por nuestro dolor, lo que nos aflige...la salud de nuestros seres queridos especialmente los niños...
Gracias por compartir esa bella esperanza..
Fuerte abrazo

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