jueves, 9 de abril de 2015

Je suis Kenyan


Todavía se habla de la tragedia de Germanwings (y no es para menos), pero se oye poco acerca de la matanza de Kenya, donde 148 estudiantes de la Universidad de Garissa han sido asesinados. ¿Por qué unas vidas merecen más atención que otras? ¿Quizá porque los muertos en Kenya fueron asesinados por causa de su religión? Las víctimas han muerto por su fe: sabemos que los terroristas separaron a los alumnos según su confesión religiosa, y sólo dejaron con vida a los musulmanes. "¡Sálvanos Jesús!" fueron las últimas palabras de estos mártires.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La diferencia no es religiosa, es económica. Un muerto no vale lo mismo sea europeo o africano y no vale lo mismo si vive en Europa o otro país.
Los que atentan contra cristianos también lo hacen muchas veces contra otros musulmanes por ser de otro grupo islámicos, además de otras personas ( homosexuales, otras religiones, activistas políticos) Mori

Armando dijo...

Es cierto que los medios de comunicación y muchos gobernantes tienen a los valientes mártires del siglo XXI
como algo sin mayor relevancia.Las muertes, por desgracia, también se calibran, y en estos tiempos, la de los mártires no se cotizan al alza.....qué lástima!!!
Un abrazo.

CHARO dijo...

Cuanto más pobre es un pais está más olvidado y marginado......"poderoso caballero es don dinero" decía Quevedo.Besicos

Josefa dijo...

Con estos crimenes pienso que el ser humano no ha progresado nada pues vivimos lo mismo que vivieron los primeros cristianos.
Un abrazo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).