martes, 3 de febrero de 2015

Hijos con tres padres: la inmoralidad de la reproducción artificial

 
El diario El Mundo informa hoy que próximamente el Parlamento Británico se pronunciará sobre una nueva técnica de reproducción asistida. Se trata de un sistema a través del cual se tomará el núcleo del óvulo de una mujer con el ADN defectuoso de sus mitocondrias, que será insertado en el óvulo donado por una mujer sana (tras extraerle su propio núcleo), y fecundado finalmente in vitro por el esperma del padre. De esta forma, el embrión recibirá carga genética de tres progenitores.
¿Qué puede decirse de una técnica que no respeta la dignidad de la persona sino que ‘fabrica’ seres humanos como si se tratara de objetos?

Cada persona humana- dice Juan Pablo II- en su irrepetible singularidad, no está constituida solamente por el espíritu, sino también por el cuerpo, y por eso en el cuerpo y a través del cuerpo se alcanza a la persona misma en su realidad concreta. Respetar la dignidad del hombre comporta, por consiguiente, salvaguardar esa identidad del hombre corpore et anima unus.

2 comentarios:

CHARO dijo...

Me recuerda al menú de un restaurante......o sea pedir un bebe a la carta y eso me parece totalmente inmoral y humillante para las personas.Besicos

Anónimo dijo...

Se quiere controlar todo, no se quiere aceptar que somos seres limitados. Si no puedes tener un hijo por la razón que sea, ¿qué pasa?, buscar la felicidad por medios equivocados, eso es lo que hacen, en vez de razonar, asumir que no podemos dominar todo. Es una forma de terrible egoísmo, yo y mi deseo. Los seres humanos podemos ser padres y madres más allá de la mera biología.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).