viernes, 9 de enero de 2015

La transmisión de la vida no es algo meramente biológico, sino humano (la FIV)

 
Pienso que uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que, influidos por la avalancha ideológica que se nos impone, tendemos a juzgar como éticamente correctos lo que en realidad son los defectos morales de esta época.
Qué duda cabe que los avances científicos y tecnológicos, al tiempo que cambian el mundo, han transformado en muchos aspectos nuestra manera de pensar. Hasta hace unos años, ciertas investigaciones científicas se encontraban en un estado de ‘stand by’ y no se realizaban determinados experimentos porque afectaban a la ética y la moral. Esto cambió radicalmente hace algunas décadas.

Cuando comenzó a aplicarse la fertilización in vitro, a finales de los 60, nadie imaginaba los conflictos que surgirían de la práctica de esta técnica. En 1978, Steptoe y Edwards, ginecólogo y biólogo británicos, lograron un embarazo implantando un embrión, después de fecundar in vitro un óvulo de la que sería la madre de Louise Brown, la primera niña probeta. En seguida se comprobó que resultaba muy dificultoso obtener un óvulo de un ciclo natural de la mujer, por lo que se comenzó a aplicar la hiperestimulación hormonal y la congelación de embriones.
Una cosa llevó a la otra y lo que pretendía ser una manera de vencer la esterilidad, acabó convirtiéndose en una técnica donde sexo y procreación resultaron desvinculados y en la que el comienzo de la vida humana y su posterior desarrollo quedan absolutamente al arbitrio de los científicos que seleccionan embriones humanos o deciden sobre su eliminación.

La FIV no respeta los valores inherentes al ejercicio de la sexualidad humana y cosifica a la persona. Con su práctica cambiaron aspectos esenciales de la transmisión de la vida, que no es algo meramente biológico, sino humano.
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).