viernes, 26 de diciembre de 2014

Las ofensas de Femen salen gratis

 
Triste imagen. Corresponde al día de Navidad cuando una activista del grupo Femen irrumpió en el Nacimiento instalado en la Plaza de San Pedro, mientras el Papa leía su mensaje de Navidad y, con el pecho descubierto y la palabra “God” escrita en el cuerpo, intentó arramplar con la figura del Niño Jesús, siendo detenida por un agente de la Gendarmería vaticana.
Sabéis que Femen es un grupo abortista, violento y laicista especializado en provocar y atentar contra los sentimientos religiosos y la libertad religiosa y de conciencia. Este mismo año profanaron la Catedral de la Almudena y el cementerio de Paracuellos del Jarama, por nombrar tan sólo un par de sus ‘hazañas’, por otra parte fáciles de lograr porque desgraciadamente actúan con bastante impunidad. Al fin y al cabo, gustan a la izquierda y ya se sabe el complejo que tiene la derecha con todo lo que suena a izquierda.

Se llaman feministas, pero rebajan a la mujer y utilizan a veinte necias para sus fines. Y tienen especial fijación con la Iglesia. ¿Por qué nadie las controla? Probablemente por esa misma razón: debe haber demasiados que disfrutan con tantos sacrilegios, profanaciones y ofensas o, cuento menos, hay mucha indiferencia. Francamente, no me parece que sea tan difícil acabar con esta panda de descerebradas.

2 comentarios:

eligelavida dijo...

Mori, perdona; he intentado subir tu comentario con el teléfono y lo he eliminado sin querer. Si puedes mándamelo otra vez que lo publicaré. Gracias y un beso!

Mori dijo...

Nada no te preocupes, un besazo y gracias eres un somete. Te continuo comentando

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).