sábado, 8 de noviembre de 2014

La educación sexual no es un chiste

 
-Mamá, ¿cómo nací yo?
-Mira hijo, tu padre y yo fuimos a buscarte a París.

-Y tú mamá, ¿Cómo naciste?
-Me trajo la cigüeña hace muchos años.

-Y la abuela, ¿cómo nació?
-A la abuela la encontró su madre en una calabaza.

-¡Pero bueno!, ¿es que no ha habido un nacimiento normal en esta familia?

Parece un chiste pero, en cierta forma, es real. La educación de los niños cuando se les ocultaba la verdad acerca de temas como el amor, el sexo y la reproducción, dejaba mucho que desear. Ahora, los tiempos han cambiado y los pequeños reciben una gran cantidad de información que resulta estar muchas veces falseada, por lo que siguen siendo unos ignorantes.

El deber más grave de los padres es el de educar a sus hijos. Juan Pablo II afirma en la Familiaris consortio que se trata de un deber insustituible e inalienable por lo que no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros.
Desgraciadamente, hoy en día los padres delegan en los abuelos, en el colegio, en el estado o, peor aún, en la televisión este importantísimo deber. Y resulta así que los padres, poco a poco, han dejado de ser los primeros educadores de sus hijos permitiendo que a éstos se les imponga una educación guiada por una sociedad secularizada que da la espalda a Dios. A los niños se les transmite un mensaje utilitarista y hedonista donde lo que prima es la búsqueda del placer y donde los valores brillan por su ausencia. Y cuando a los adolescentes se les habla de sexualidad es para fomentar la promiscuidad entre ellos o para promover la anticoncepción o el aborto.

La educación sexual implica mucho más que proporcionar información sobre sexo, enfermedades de transmisión sexual o contracepción. Es necesario que los padres se conviertan en los primeros educadores de sus hijos, también en materia de educación sexual, haciéndoles comprender, desde pequeños, que el amor no es como lo ven en las películas y que el amor sexual, es decir, el amor matrimonial, es un amor personal, que abarca instinto, y sentimientos, pero también renuncias, compromiso, donación y entrega de uno mismo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).