jueves, 16 de octubre de 2014

Sin humildad, la inteligencia es parodia de sí misma


Acabo de leer esta frase en la novela Anima mundi, de Susana Tamaro. En ella, la autora pone en boca de una religiosa que dialoga con el protagonista la siguiente reflexión:
«El gran error es creer que la inteligencia es mérito nuestro. Cuanto más inteligente se es, más tendemos a creérnoslo: La misma inteligencia incuba dentro de sí el germen de la superioridad… pero sin humildad, la inteligencia es solamente la mísera parodia de sí misma (…). Yo soy lo bastante vieja para haber visto pasar una gran parte del siglo. A estas alturas puedo decir que el mal de nuestro tiempo es ese. La inteligencia soberbia, alimentada solamente de sí misma».

La autora se refiere a que en un momento de la historia, el mundo perdió el temor de Dios. Y la soberbia, mata la fe. Dice Jesús: « ¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?» (Jn 5, 44). El humilde, obedece a Dios, busca su gloria y lo alaba. La soberbia nos incapacita para escuchar al Señor.
En fin, que me ha llamado la atención la manera peculiar que tiene Susana Tamaro de decir que de la inteligencia a la necedad sólo hay un paso: la soberbia.
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).