martes, 14 de octubre de 2014

Nuestra sociedad padecerá el síndrome post-aborto

 
La organización Sacerdotes por la Vida denuncia que cada año mueren en el mundo más de 50 millones de bebés abortados. A veces olvidamos que, cuando hablamos de un aborto, no estamos hablando de una estadística, una elección, ni mucho menos un derecho, sino de un ser humano muerto a manos de otras personas que lo han asesinado, probablemente, bajo el amparo de la ley.
San Juan Pablo II definía la industria abortista y la ideología que la acompaña como una ‘estructura de pecado’ contra la vida humana aún no nacida. En esta estructura de pecado entra también, sin duda, el silencio de tantos que, enfermos de pilatismo, se lavan las manos o ‘comprenden’ esta práctica en determinados ‘plazos’ o en ciertos ‘supuestos’.

Pero, atención, el síndrome post-aborto existe, y las mujeres que han abortado lo padecen. De la misma manera, nuestra sociedad padecerá su propio síndrome post-aborto, porque una sociedad que mata a sus propios hijos está enferma, y no puede prosperar ni sobrevivir.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).