lunes, 13 de octubre de 2014

La España divorcista y divorciada


Según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) difundidos hoy, durante el segundo trimestre de este año ha habido 31.876 solicitudes de separación, divorcio y nulidad en España. En total, en el primer semestre del año se han presentado 67.822 demandas de disolución matrimonial, un 6,6 por ciento más que en el mismo periodo del año 2013.

Según estos datos, parece que el amor conyugal cada vez dura menos. En la noticia se invoca a la crisis como causa para este incremento de separaciones y divorcios pero lo cierto es que la gente cada vez tiene menos tolerancia a la frustración y menos paciencia para aceptar problemas y diferencias, por no hablar de la falta de interés en salvar el matrimonio.

Se separan en busca de la felicidad los que se casaron en busca de la felicidad. Esta paradoja no sería tan grave probablemente si los noviazgos no fueran fracasos o ‘probaturas’ falsas de matrimonio. Si los que se casan por la Iglesia están prometiendo libremente convivir como marido y mujer hasta la muerte y, al mismo tiempo, se dicen a sí mismos que si las cosas no funcionan pueden acabar con su matrimonio, éste, evidentemente, no prosperará. El divorcio, dice el Catecismo de la Iglesia, es una ofensa grave a la ley natural. Estos días se repite mucho que la obligación de permanecer fiel al cónyuge de por vida es una exigencia durísima de la Iglesia. Lo cierto es que no es un ‘invento’ de la Iglesia, sino una obligación que deriva de la ley natural y de un compromiso que los cónyuges han asumido libremente.
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).