lunes, 6 de octubre de 2014

¡Estamos subestimando el poder de la Cultura de la muerte!


Muchos cristianos dicen: "No estoy de acuerdo con el aborto, pero sólo me aplico este principio a mí mismo, porque comprendo que no todos pueden aceptar mi manera de pensar y respeto por tanto lo que hagan los demás". Se trata, sin duda, de una especie de ‘pilatismo’ en el que el cristiano admite que el aborto es inmoral pero, llevado por un buenismo relativista, se lava las manos ante los crímenes que se perpetran a su alrededor.

"La Iglesia no debe imponer su criterio, la ley no debe obligar a nada, debes callarte lo que piensas porque de otra forma estarás juzgando a los demás". Desgraciadamente, esas son las consignas a seguir.

Evidentemente, una cosa es no juzgar al que actúa mal, y otra muy diferente es respetar que otros causen el mal. En el caso del aborto, hablamos nada menos que de la vida y de la muerte y, lo siento, pero no me parece respetable que se mate a los no nacidos. No basta con que yo no lo haga. Debo luchar para que nadie pueda hacerlo. Por eso debemos pedir la derogación de una ley injusta que proclama que el aborto es un derecho. Pero, por otro lado, tampoco podemos conformarnos con negar el derecho al aborto y aceptar su práctica en ciertos supuestos despenalizados.

Si por defender estas premisas soy tachada de fascista o fundamentalista, tendré que comprender que vivo en una sociedad pagana que no respeta la vida, una sociedad que ha perdido el rumbo y procuraré no perderlo yo también. En cualquier caso, ¡no cerremos los ojos ante lo que está sucediendo! Estamos subestimando el poder de la Cultura de la muerte que se impone, desgraciadamente, incluso entre los católicos. En este momento pienso que lo más triste de lo que está sucediendo es el grado de aceptación social que tiene el aborto. Los que defendemos la vida tenemos que continuar, incansables, intentando extender una Cultura de la vida, porque, como afirma Madre Teresa, los gritos de los niños cuyas vidas han sido truncadas antes de su nacimiento, hieren los oídos de Dios.

5 comentarios:

gosspi dijo...

No podemos dejar de decirlo. Estoy contigo, hasta que no la quiten estan esos niños gritandonos Justicia!!

CHARO dijo...

Soy defensora de la vida y totalmente contraria al aborto y aunque lo condeno jamás condenaría a las personas que lo practican ya que no soy nadie para hacerlo....Jesus condenó al pecado pero no al pecador. Pero cómo bien dices debemos de luchar para erradicar estos crímenes contra la humanidad.Besicos

releante dijo...

Firmo cada una de tus palabras. Un abrazo

Rosa dijo...

Completamente de acuerdo. La tolerancia es un crimen, cuando lo que se tolera es la maldad.

martina dijo...

Sono d'accordo con te. Purtroppo questo modo di pensare di tanti cattolici, soprattutto politici, ha portato un'infinità di mali, e non solo qui in Italia.

Grazie per gli argomenti molto interessanti che ci proponi sempre all'attenzione.

Un abbraccio

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).