domingo, 19 de octubre de 2014

Cuatro profecías que hizo el nuevo beato Pablo VI

 

Al presentar la encíclica Humanae vitae, Pablo VI puso en guardia contra cuatro problemas principales que surgirían si no se aceptaba la doctrina de la Iglesia sobre la regulación de la natalidad.
 
Ante todo, advirtió que el uso generalizado de la anticoncepción llevaría "a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad". Y es exactamente lo que ha sucedido. Pocos se atreverían a negar que el índice de abortos, divorcios, hogares rotos, violencia sobre mujeres e hijos, enfermedades venéreas y nacimientos fuera del matrimonio, ha aumentado muchísimo desde la mitad de la década de 1960. Desde luego, la píldora anticonceptiva no ha sido el único factor de esta degeneración, pero ha desempeñado un papel importante. De hecho, la revolución cultural que comenzó en 1968, guiada, al menos en parte, por una nueva actitud ante el sexo, no hubiera sido posible o no se hubiera podido mantener sin un fácil acceso a una anticoncepción segura. En esto Pablo VI tuvo razón.
En segundo lugar, advirtió que el hombre perdería el respeto a la mujer "sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico", hasta el punto de considerarla "como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada". En otras palabras, según el Papa la anticoncepción podía presentarse como medio de liberación para las mujeres, pero en realidad los "beneficiarios" de las píldoras y de los medios anticonceptivos serían los hombres.
Tres décadas después, exactamente como había predicho Pablo VI, la anticoncepción ha liberado a los hombres, en un nivel sin precedentes en la historia, de la responsabilidad por sus agresiones sexuales. En ese proceso, uno de los aspectos más irónicos del debate de la pasada generación sobre la anticoncepción fue el siguiente: muchas feministas atacaron a la Iglesia católica por su presunta falta de aprecio de las mujeres, pero en la Humanae Vitae la iglesia identificó y rechazó la explotación sexual de la mujer años antes de que entrara a formar parte de la corriente cultural principal. Una vez más, Pablo VI tuvo razón.

En tercer lugar, el Santo Padre advirtió que el uso generalizado de la anticoncepción pondría "un arma peligrosa en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales". Como hemos podido descubrir desde entonces, la eugenética no desapareció en 1945 con las teorías raciales nazis. Las políticas de control demográfico son ahora parte integrante de casi todos los debates sobre las ayudas a los países extranjeros. La masiva exportación de anticonceptivos, de la práctica del aborto y de la esterilización desde el mundo industrializado hacia los países en vías de desarrollo a menudo como requisito esencial para enviar ayudas en dólares, y en directa contradicción con las tradiciones morales locales, no es más que una forma más o menos encubierta de guerra contra la población y de cambio cultural. También en esto Pablo VI tenía razón.
 
En cuarto lugar, el Papa Pablo VI advirtió que la anticoncepción llevaría a los seres humanos a creer erróneamente que tienen un señorío ilimitado sobre su cuerpo, transformando inevitablemente a la persona humana en objeto de su propia fuerza intrusa. 
 
Aquí radica otro aspecto irónico: un feminismo exagerado, refugiándose en la falsa libertad que ofrecen la anticoncepción y el aborto, ha contribuido activamente a la deshumanización de la mujer. El hombre y la mujer participan de modo singular en la gloria de Dios a través de su capacidad de crear, junto con él, una nueva vida. Sin embargo, en la base de la anticoncepción está la suposición de que la fertilidad es una infección que se ha de combatir y controlar de la misma manera que se ataca a las bacterias con los antibióticos. En esta actitud se pone de manifiesto también el, nexo orgánico entre anticoncepción y aborto. Si la fertilidad puede ser presentada, de forma incorrecta, como una infección que es preciso combatir, entonces es posible hacer lo mismo con una nueva vida. En ambos casos uno de los aspectos característicos de la identidad de la mujer, o sea, su capacidad de gestar una nueva vida, es presentada como una debilidad, que exige una vigilante desconfianza y un tratamiento. La mujer se convierte en objeto de los instrumentos con los que pretende asegurar su propia liberación y defensa, mientras el hombre no comparte esa carga. Una vez más Pablo VI tenía razón.
 
De la Carta pastoral de monseñor Chaput, El mensaje de la"Humanae Vitae.

3 comentarios:

CHARO dijo...

Conocí a Pablo VI recuerdo la emoción tan grande que sentí pues era el primer Papa que veía en persona, hoy ya es beato y sus profecias se cumplieron pidámosle que interceda por nosotros ante Dios.Besicos

Anónimo dijo...

Gracias! Como lo has clavado!

eligelavida dijo...

¿? ... De la Carta pastoral de monseñor Chaput, El mensaje de la"Humanae Vitae.

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