martes, 28 de octubre de 2014

Cuando un hombre y una mujer hacen uso de la contracepción, se rechazan recíprocramente


La Confederación italiana de los Centros para la regularización natural de la fertilidad, para dar respuesta al debate surgido en los últimos días en el Sínodo extraordinario sobre la familia, y con ocasión de la beatificación de Pablo VI, han publicado un documento en el que se confirma la importancia de la doctrina sobre la unión entre cónyuges expresada en la encíclica Humanae Vitae. Este es un pequeño extracto:
 
“Cuando un hombre y una mujer hacen uso de la contracepción, se rechazan a sí mismos, rechazando el don de la vida, se rechazan recíprocamente ya que no se dan ni se acogen en la totalidad de lo que son: el uno se niega a dar al otro la propia fertilidad en el mismo momento en que este rechaza el recibir la fertilidad del otro. El primer significado de la contracepción – está bien claro- no es la anticoncepción, sino la anti conyugal, puesto que hace abstracción de la experiencia del don y de la acogida totales del uno al otro en la medida en la que se adultera, no nos hace ser verdaderamente y radicalmente nosotros mismos y no nos deja aceptar al otro en su realidad total, así como él o ella es y está”.

Leer el documento completo aquí: HUMANAE VITAE: la vía natural del amor.

3 comentarios:

CHARO dijo...

Lamentablemente muy pocas parejas lo ven desde esta perspectiva......se saltan los planes de Dios.Besicos

Armando dijo...

Totalmente de acuerdo.
Un abrazo.

Denise dijo...

Bless you precious one.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).