jueves, 2 de octubre de 2014

«A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos»


Me imagino que a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que me encantan los ángeles. No, no me refiero a los de cerámica que venden por ahí, sino a los auténticos, a los que ‘viven’ a nuestro alrededor cumpliendo los encargos que el Señor les hace. Creo firmemente que están ahí, mejor dicho, aquí, aquí mismo.

¡Menudo susto si alguno se apareciera! No sería la primera vez. Normalmente, cuando un ángel ‘se aparece’, tiene el detalle de tranquilizar a su comunicante. A Zacarías el ángel le dijo: «no temas». Lo mismo hicieron los ángeles que vieron las mujeres que acudieron al sepulcro tras la resurrección. Incluso el arcángel Gabriel le dijo a la Virgen: «no temas, María», seguro que innecesariamente pues nuestra Madre estaría sorprendida pero no creo que asustada.

Hoy la Iglesia celebra a los Santos Ángeles Custodios. ¿Qué sabemos de ellos? Que son seres espirituales, que son bellos, que visten de blanco (Juan 20, 12) y que son mensajeros, embajadores nada menos que de Dios. ¿Y de nuestros ángeles de la guarda? Que oran incesantemente por nosotros, nos acompañan toda nuestra vida, ofrecen a Dios todas nuestras buenas obras, nos guían y nos protegen.

Me cuesta creer que haya gente que no crea en ellos. Especialmente si son mujeres. Porque las mujeres en el evangelio parecen tener unas entendederas especiales para captar lo sobrenatural. En la resurrección, por ejemplo, los apóstoles llegan al sepulcro avisados por las mujeres, examinan el lugar, ven el sudario, la mortaja, la tumba vacía, analizan muy masculinamente la situación… y creen. Ellas en cambio no necesitan tanto. Entran en contacto con lo invisible, ven a los ángeles y reciben la gran revelación, convirtiéndose así en las primeras en dar la gran noticia.

Dice Orígenes (siglo III) que «cada uno de nosotros tenemos un ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras». Un ángel habló a Lot, un ángel confortó a Agar, un ángel socorrió a Elías, un ángel acompañó a Tobías, un ángel liberó a Pedro, un ángel está siempre contigo, y otro, conmigo.

Cuida a tu ángel. No está ahí para nada. El Señor le ha encargado que cuide de ti y te asista al tiempo que en la gloria contempla su rostro. De modo que ‘no temas’ porque Dios «a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos» (Salmo 90).

2 comentarios:

CHARO dijo...

Yo confío en mi angel de la guarda.......y se que tiene horas extras conmigo:-)

Loli Salvador dijo...

Qué sería de mi sin mis ángeles, estoy convencida de que tengo más de uno y me han ayudado tanto que les estoy muy agradecida. Sé que no se irán de mi lado nunca.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).