lunes, 8 de septiembre de 2014

Seamos fuertes


Victor Frankl relata en su libro El hombre doliente, que en una ocasión recibió una carta de un amigo que había sufrido un accidente haciendo submarinismo y había quedado tetrapléjico. El amigo le decía: “me rompí el cuello, pero eso no me rompió a mí”. Este hombre, condenado a escribir a máquina con un palillo en la boca, estudió psicología convencido de que su invalidez iba a convertirlo en un consejero especialmente comprensivo.

Sufrir no es imprescindible para encontrar el sentido a la vida, pero ésta tiene valor siempre, en toda circunstancia, incluso en medio del sufrimiento.

Vivimos muchas veces envueltos en una neurosis producto de la preocupación constante por nosotros mismos. Conozco a más de uno al que este agobio no le deja vivir. Y parece que es una característica del mundo moderno: todo lo tenemos que tener controlado y asegurado, lo contrario nos produce angustia. Tenemos que asegurarnos de que nuestra salud es a prueba de bombas y que nuestros hijos también la tienen. Les obligamos a pasar un control de calidad antes de nacer como si fueran un producto de mercado. Necesitamos saber que tendremos dinero y trabajo, que nunca nos faltará nada. Muchas parejas posponen indefinidamente la llegada de un hijo por desconfianza, sienten miedo de que la vida derive por caminos difíciles. 

La sociedad moderna vive en una búsqueda permanente de seguridad. Actuamos con un amor mal entendido a nuestras propias vidas pretendiendo ser fuertes, garantizar nuestra propia fortaleza: que nunca nos falte de nada, que siempre tengamos salud… Sin embargo, ser fuerte implica también ser vulnerable. Ser fuerte supone en realidad saber recibir una herida, encajar el sufrimiento cuando no lo podemos evitar, vivir sin miedo.

4 comentarios:

Mori dijo...

Es cierto tenemos una obsesión por la seguridad. Y si alguien no la tiene nos parece irresponsable. Sin embargo nada ni nadie nos puede garantizar la falta de sufrimiento.

Salvador Pérez Alayón dijo...

Es así, realmente somos fuertes cuando nos experimentamos débiles. Lo decía Pablo: Es en la debilidad cuando descubro y experimento la fuerza de Dios.

Y es que mi fuerza es la Fuerza de Dios, y en ella me refugio y nada temo. Eso no significa que no seamos prudente, sino que toda nuestra fortaleza descansa en el Amor de Dios y su Poder.

Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

CHARO dijo...

A pesar de lo que dices conozco a jóvenes que viven tan al día y sin ningún tipo de preocupación por el futuro que también es alarmante.....si no tienen trabajo pues a vivir de las ayudas pero que no les falta las vacaciones ni otros caprichos, yo creo que esto tampoco es bueno, todo está en un término medio: No obsesionarse con el futuro pero tampoco vivir tan al día sin ningún tipo de preocupación y sobre todo teniendo hijos.Besicos

eligelavida dijo...

Por supuesto Charo. Yo me refiero más bien al pensamiento de nuestra sociedad hedonista que tiembla ante el sufrimiento y, cuando éste llega, propone la eutanasia, el suicidio asistido o el aborto. Es la obsesión por el control absoluto.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).