miércoles, 17 de septiembre de 2014

El derecho a la vida no lo da el Estado, sino que es anterior a él


Hay quien defiende que los Derechos humanos son alterables, es decir, que cambian según van mudando los valores por los que se rige la sociedad. Este es un concepto erróneo porque los derechos humanos no los crea el Estado, sino que son anteriores a él. Al Estado le corresponde reconocer estos derechos, promoverlos y garantizar su respeto.

No se trata de inventar unos derechos y unas libertades subjetivas que se ajusten al pensamiento imperante. El ser humano es portador de valores, de derechos que hay que descubrir y defender. Algunos derechos humanos son tan «fundamentales» que no se pueden negar sin que se hiera la dignidad de las personas. Son derechos que no pueden derogarse nunca. Entre estos están el derecho a la vida, el reconocimiento de la dignidad de la persona física y la igualdad fundamental y la libertad de conciencia y de religión.

El derecho a la vida da sentido a los demás derechos. La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social (Caritas in veritate).

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).