lunes, 18 de agosto de 2014

Siempre hubo un feminismo antiabortista


La mujer de la imagen, a la que un policía detiene violentamente, es la feminista Alice Paul. Se trata de una de las tantas veces en las que Alice y otras compañeras fueron detenidas por manifestarse pacíficamente para pedir el voto de las mujeres.

Hoy en día, muchas mujeres que se llaman a sí mismas ‘feministas’, han convertido la causa de la defensa de los derechos de las mujeres en un circo en el que, desnudas e intentando escandalizar, piden supuestos 'derechos' inexistentes que representan, en realidad, auténticas esclavitudes para la mujer.

Así lo entendieron muchas de las primeras feministas, como Alice Paul, que afirmaba que el aborto es la suprema explotación de la mujer. Y es que, al contrario de lo que hoy se piensa, las primeras sufragistas querían para la mujer, no sólo el voto, sino que se respetaran sus derechos a la educación, al trabajo y a una vida digna.

Mucho se ha trastocado la historia para dar una imagen distorsionada de la defensa de los derechos de la mujer. Hoy en día, por ejemplo, millones de mujeres tienen acceso al aborto y a la píldora abortiva en los países de Tercer mundo gracias a cientos de humanitarios filántropos que se preocupan en invertir en muerte, al tiempo que más de quinientos millones de mujeres adultas no saben leer ni escribir. Alice Paul y sus compañeras eran consecuentes con sus reclamaciones y hoy necesitamos muchas más auténticas feministas que no abominen de la mujer.

1 comentario:

CHARO dijo...

Hoy más que nunca este mundo necesita de muchas Alice Paul.Besicos

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).