martes, 12 de agosto de 2014

Nos habéis abandonado y habéis cerrado los ojos


"Damos las gracias a nuestros vecinos, vecinos que pensábamos que nos habrían protegido como lo hicieron un tiempo, y que se habrían rebelado contra la furia de estos criminales del siglo XXI, diciéndoles que somos los auténticos hijos de esta ciudad y que somos sus fundadores.

Nos armábamos de valor diciéndonos que podíamos contar con ellos, hermanos valerosos que mostrarán de qué pasta están hechos.

Pero nos han abandonado, dejándonos arrastrar fuera de la ciudad, hacia lo desconocido. Han cerrado los ojos, mientras dejábamos detrás nuestra historia, las tumbas de nuestros antepasados, nuestras casas, nuestro patrimonio y todo lo que es querido a nuestro corazón. Nos han abandonado, mientras decíamos adiós a nuestros barrios, a la mezquita de Jonás (que contenía también la tumba de este profeta y que, por este motivo, ha sido destruida por los yihadistas del estado islámico de Iraq y del Levante (ISIS). Adiós también al arzobispado, a la iglesia de Maskinta y a la de Ain Kibrit… ¡Adiós a todos vosotros! No estaremos más en vuestras fiestas y ceremonias, en vuestros matrimonios y funerales. El final de los milenios que hemos pasado juntos."

(Palabras llenas de lógica amargura del escritor iraquí Majed Aziza, obligado como los demás cristianos a abandonar Mosul. La carta completa podéis encontrarla en la web Aleteia).

1 comentario:

Mori dijo...

Además de cristianos estos asesinos están matado a otros musulmanes de otras ramas. El País ha publicado diversos reportajes de algunos de estos criminales. Las prácticas son monstruosas y cuesta creer que sea verdad.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).