martes, 4 de marzo de 2014

Jared Leto y su testimonio provida


"En 1971, en Bossier City, Louisiana, había una adolescente embarazada de su segundo hijo. Había abandonado sus estudios y era ya madre soltera. De alguna manera, se las ingenió para conseguir una vida mejor para ella y para sus niños. Animó a sus hijos a ser creativos, a trabajar duro y a hacer algo especial. Esa mujer era mi madre y está aquí esta noche. Solo quiero decir, te quiero mamá. Gracias por enseñarme a soñar".

Sinceramente, no sé si el oscarizado Jared Leto es o no es partidario del aborto. Pero la noche de los Oscars dio un argumento muy valioso para la defensa de la vida.

Al recoger su premio, Jared Leto dedicó a su madre un reconocimiento que, para mí, es todo un discurso pro-vida. Un joven que triunfa en su profesión y se hace famoso, y que en el momento culminante de su carrera cuenta, ante millones de espectadores, que su madre, adolescente, embarazada, con otro hijo pequeño que alimentar, soltera y sin estudios, no se planteó eliminarlo, sino que decidió darle la vida y sacarlo adelante.

Aquí tenéis su testimonio:

3 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

Estoy de acuerdo contigo, elige, es un testimonio valioso y muy ejemplarizante.

De alguna manera dice que está vivo, podía haber sido condenado a morir como condenan hoy muchas madres a sus hijos, y, gracias a ella, puede hoy recoger su Oscar.

Un abrazo en Xto. Jesús.

CHARO dijo...

Un bonito reconocimiento y estoy de acuerdo en que es todo un argumento para la defensa de la vida.Besicos

nimbus nim dijo...

Estupendo testimonio y reconocimiento hacia su madre!
Besos,

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).