miércoles, 22 de enero de 2014

No puedes ser ecologista si no proteges la vida humana


En prácticamente todos los países de la Unión Europea existen leyes que protegen a los mamíferos, también cuando están en estado fetal, para evitar que sean sacrificados sin necesidad, o que se experimente con ellos o se les torture.  En concreto, el artículo 13 del Tratado de Funcionamiento de la UE, establece que en materia de bienestar de los animales, la UE y los Estados miembros tendrán en cuenta que se tratan de seres sensibles.

En España, sin ir más lejos, los partidos mayoritarios acordaron el año pasado que, en lo que se refiere al cuidado de los animales, a su explotación, transporte, experimentación y sacrificio, se protegerán "determinadas formas fetales de mamíferos".

Es lógico que el hombre tenga una especial preocupación por proteger la naturaleza, el medio ambiente. Lo que resulta paradójico es que en ese interés no se incluya a sí mismo, pues tiene la inteligencia, la capacidad de raciocinio y los medios para lograrlo. ¿Por qué entonces el útero de una mujer es el lugar más peligroso del mundo?

¿Qué significa cuidar el medio ambiente? Para empezar, significa cuidar a la persona, porque la ecología medioambiental no tiene sentido sin una ecología humana.

3 comentarios:

Capuchino de Silos dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Respetar el medio ambiente es respetar, en primer lugar, la vida de la persona, para que ella pueda respetar la naturaleza en pleno.

Belen dijo...

El no va mas de los sinsentidos.

Un cariñoso saludo :)

CHARO dijo...

Pues sí que es paradógico e inexplicable.Besicos

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).