domingo, 8 de diciembre de 2013

¡Ave María Purísima!... ¡Las tres, y nublado!

 
En España, hace ya muchos años, existían los serenos, hombres que armados con porra, silbato y llaves vigilaban las calles de noche y se encargaban de la iluminación. Fijaos si tengo años que recuerdo haber visto alguno de niña cuando, llegando a casa de mis abuelos en la calle Sagasta, se acercaban a abrir el portón.
Pero los serenos no sólo abrían y cerraban puertas, vigilaban calles o iluminaban la noche; también anunciaban el tiempo y cantaban. Cuenta Pemán que durante la República se prohibió la tradicional invocación que los serenos hacían a la Inmaculada al cantar la hora, con parte meteorológico incluido: ¡Ave María Purísima!... ¡Las tres, y nublado!

Pero también habla de los españoles como un pueblo que no podía contentarse con menos que imaginar a su Virgen Purísima e Inmaculada: “El alcanfor, el lirio, la azucena, la leche, todas las deslumbradoras metáforas andaluzas de la blancura y la pureza estaban temblando de impaciencia por ofrecerse a María. Ni pudieron esperar a la definición dogmática de su Concepción”.

2 comentarios:

Belen dijo...

Yo te imagino jovencita,como yo. :)

Un cariñoso saludo :)

eligelavida dijo...

jajaja! Conocí a los serenos! Por lo menos llegué a ver a alguno... eso ya es una pista jaja!

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).