martes, 4 de junio de 2013

El aborto por succión y curetaje


El aborto por succión y curetaje es un procedimiento común en el tercer mes del embarazo, normalmente se utiliza cuando el feto tiene entre ocho y doce semanas.
 
Se dilata la cerviz de la madre para introducir una cánula en el útero. La cánula, de plástico, se conecta a una bomba que va succionando al vacío. El pequeño feto es absorbido por la bomba, ya sea completo o en pedazos.

Posteriormente, se extraen del mismo modo el líquido amniótico y la placenta. Por último, el interior del útero es raspado con un instrumento llamado cureta, y se vuelve a aspirar para eliminar cualquier pequeño trozo que hubiera podido quedar en el interior.
El ‘médico’ abortista Harlan Raymond Giles, autor de más de 40.000 abortos por succión y curetaje, afirma que en ocasiones el feto, al salir succionado por el aspirador uterino, aún está vivo. Esto sucede porque, según sea el tamaño del feto, éste muere de diferentes formas: a veces, el catéter, al acercarlo al feto, lo desgarra muriendo éste dentro del útero. Si el feto es lo suficientemente pequeño para pasar por el tubo del aspirador uterino, al ser succionado muere en el trayecto o al llegar a la botella de succión.  

Fuente: Priests for life
Hacer clik sobre la fotografía para verla ampliada

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es un horrible crimen
,

Teresa dijo...

Son imágenes muy desagradables pero necesarias para concienciarnos de que con el aborto realmente se está matando a un ser humano.

xtobefree dijo...

Buenos días Eligelavida. Hemos de conocer lo que se hace hoy como antaño en cualquier horrible campo de exterminio. Un abrazo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).