martes, 19 de marzo de 2013

«No recuerdo haberle suplicado cosa que haya dejado de hacer»


«Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él.
Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir.

No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.
Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra que como tenía el nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide».

Santa Teresa de Jesús.

3 comentarios:

elsillóndepapá dijo...

San José es un Santo, que a mí, desde que soy padre me encomiendo con habitualidad, y si es cierto, que tiene una conexión especial con El Padre, y que ayuda mucho, aunque debo reconocer que antes de mi paternidad lo tenía un poco olvidado. Un abrazo

Teresa dijo...

Le tengo una especial devoción y me encantan las palabras de santa Teresa. Este año no le he rezado la novena, pero hoy mismo comienzo una. Un abrazo.

Alfonso dijo...

Que pena que desconozcamos tanto de los escritos de nuestros santos. La Iglesia nos los propone como ejemplos de vida y sus enseñanzas siguen vigentes.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).