viernes, 1 de marzo de 2013

Matrimonios frágiles


Una de las características sociales de nuestro tiempo es la debilidad en la que se encuentra el vínculo matrimonial. Las separaciones, los divorcios, las luchas de los padres por mantener la custodia de sus hijos una vez separados o los niños que conviven con los nuevos cónyuges de sus padres, pero que nunca más vuelven a ver a su familia unida, definen a muchas familias actuales.
Tenemos que reconocer que lo que ya se anunciaba hace treinta o cuarenta años, es hoy una realidad. La mentalidad divorcista que prometía arreglar las crisis familiares se ha extendido como una enfermedad, propagando la idea de que es más fácil divorciarse y comenzar de nuevo con otra pareja, que intentar solucionar conflictos.

Los matrimonios jóvenes suelen ser frágiles. Muchas veces unen sus vidas después de una más o menos larga cohabitación, habiendo tenido experiencias con otras parejas, y con la ‘garantía’ de que si el matrimonio no funciona, podrán rápidamente separarse y comenzar de nuevo con otra persona. Los jóvenes piensan que todo ello les hace más fuertes: ya conocen a su pareja en la intimidad, han convivido durante un tiempo, tienen claro que ‘no tiene porqué ser para siempre’ y pueden posponer indefinidamente la llegada de los hijos. El compromiso matrimonial, así visto, parece menos compromiso, y se convierte en un contrato revisable y que puede extinguirse a petición de cualquiera de las partes.
Lo cierto es que todas estas características no hacen del matrimonio una institución más sólida, sino todo lo contrario. Las crisis matrimoniales vienen muchas veces producidas por la infidelidad, los malos tratos, la falta de afecto y la discordancia de caracteres u opiniones. Son situaciones que requieren de la ayuda serena de personas que favorezcan el bien de los cónyuges y el de los hijos.

Desde luego, en el caso de los católicos, sería fundamental recurrir a ayuda especializada, que la hay en muchas parroquias, donde laicos (consejeros matrimoniales, psicólogos, pedagogos) y sacerdotes, están disponibles para escuchar y ayudar al matrimonio a encauzar su relación poniendo su mirada en Cristo, y no en el pensamiento único imperante que a veces nos hace olvidar que, ante todo, somos cristianos.

5 comentarios:

Zitro dijo...

Completamente de acuerdo. Hace una muy buena descripción de la situación actual del matrimonio en la sociedad.
Además de todo lo que dice, tengo una opinión, que hace mucho tiempo que pienso, pues el tema me interesa mucho (soltero y sin compromiso, sigo buscando…). El problema más importante es que muchas parejas no se aman verdaderamente. Se gustan, se atraen, se interesan, se convienen… Pero no se aman. Amarse es desear siempre lo mejor para la otra persona, no ocuparse de uno mismo, tener detalles que hagan al otro feliz, alegrarse profundamente cuando te encuentras con el otro, echarse de menos cuando no están juntos, tener interés por todo lo que concierne al otro, comprometerse ocurra lo que ocurra, etc. Muchas veces, no se dan estos requisitos, o sólo es uno el que los dirige hacia al otro, no hay reciprocidad.

'Mrswells' dijo...

La Globalizacion afecto a la formacin de muchos matrimonios internacionales o interculturales en mi generacion...y, desde mi punto de vista, mirar los resultados puede servir para reforzar la creencia en que los valores cristianos son para todos y estan por encima de nacionalidades . En estos casos , ademas de la psicologia de cada uno y el caracter/ideas, hay que superar a la historia frecuentemente marcadapor disputas , guerras y divisiones entre los paises de ambos..Con esta experiencia es incomprensible para mi ver parejas de la misma nacionalidad, cultura , idioma etc..que se separan por 'no entenderse'y creo que a veces buscan ciegamente algo fuera del matrimonio en vez de dentro y que , curiosamente, la comunicacion puede ser peor por darse cosas por supuestas por ambos lados. Hay muchas terapias para mejorar o al menos darse cuenta de como somos con el esposo y cristianamente enfocadas supongo que deben ademas incluir el desafio mayor de la vocacion: el de amarse y mantenerse juntos pese a presiones psicologicas, sociales..o las que tengan

CHARO dijo...

HAS DESCRITO TAN BIEN LA SITUACIÍN DEL MATRIMONIO ACTUAL QUE NO TENGO NADA QUE AÑADIR QUE NO HAYAS DICHO YA TÚ...SIMPLEMENTE QUE ME APENA MUCHO PUES ESTA SOCIEDAD QUE NOS HA TOCADO VIVIR NECESITA EL VÍNCULO FAMILIAR CÓMO NUNXCA ANTES LO HABÍA NECESITADO.BESOTES

quedateenminube dijo...

Buena entrada, la mayoría de los matrimonios le falta el deseo de compromiso real y para toda la vida y creen que es un contrato que puede disolverse cuando falle algo. El matrimonio que se quiere de verdad busca por todos los medios que esas cosas que son difíciles de llevar en la convivencia no se un problema tal que no deba poder repararse, aunque claro es algo que debe ser intención de los dos. Se necesitan matrimonios sólidos, donde los hijos tengan estabilidad emcional y eso se consigue con un matrimonio unido.Un abrazo.

rama-teo dijo...

El matrimonio es tan personal,tan intimo,incluso aquellos que llamandose cristianos,viven en parejas sin estar casados,no admiten que nada ni nadie les de lecciones de moralidad,viven "su vida"
¿Que se puede hacer? ¿Consentirlo, cruzarnos de brazos ? Vivir como si no pasara nada,no es lo normal.
La iglesia tiene que tomar una determinación.El libro de la Biblia en HEBROS 13:4, es muy determinante.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Mi foto
Spain
Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).