domingo, 24 de marzo de 2013

Ejercer la caridad

 
Desde que comenzó su Pontificado, el Papa Francisco está haciendo continuas  llamadas a los católicos a ejercitar la caridad. De hecho pidió a sus compatriotas que en lugar de viajar a Roma para asistir a la ceremonia de inicio de su Pontificado, utilizaran ese dinero en atender a los pobres. Y es que la caridad es parte fundamental de la misión de la Iglesia y todos los fieles tienen el deber de implicarse para vivir el mandamiento nuevo que Cristo nos dejó, «brindando al hombre contemporáneo no sólo sustento material, sino también sosiego y cuidado del alma» (Deus caritas est).
Juan Pablo II, dirigiéndose a las Hijas de la Caridad, las animaba a tener «la audacia de sus fundadores para que la Iglesia esté cada vez más presente en el mundo de los pobres y los pobres estén verdaderamente en la Iglesia».
Hay quien piensa que la caridad consiste en darle una moneda al que pide en una esquina. Y es verdad, pero siempre que ese dar esté movido por algo mucho más grande. Benedicto XVI nos recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero, ahora el amor ya no es sólo un mandamiento, sino la respuesta al don del amor» (Deus caritas est).
Hace unos días vi un vídeo en el que el Papa Francisco, siendo Cardenal, explicaba que la Iglesia, cuando ejerce la caridad, no es una ONG. Muchas veces caemos en el error de confundir la caridad con la solidaridad o la ayuda humanitaria. Pero en la caridad lo prioritario es la relación con Dios, que nos lleva a dar y compartir con los demás aquello que hemos recibido.
El Papa Francisco nos ha pedido que seamos ‘guardianes del otro’. Sus palabras recuerdan a las de Juan Pablo II en la Evangelium Vitae: «Cada hombre es guardián de su hermano, porque Dios confía el hombre al hombre».

1 comentario:

Salvador dijo...

No es algo tan simple como dejar caer unas monedas en las manos de alguien que pide. Primero, la caridad, exige saber si el que pide lo necesita o simplemente se aprovecha.

Segundo, caridad es ayudar a liberarse, a ser capaz de vivir la grandeza de la dignidad que nos hace ser verdaderos hijos de Dios, la mayor aspiración del ser humano.

Y su finalidad primera y última, gozar de la dicha eterna en la presencia de su Creador. Y eso no todos los saben, por lo tanto, darlo a conocer es la mayor caridad que debe ir en el mismo paquete de las monedas.

Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).