jueves, 14 de marzo de 2013

Coherencia eucarística ante el aborto


El Papa Francisco presidió, en 2007, la redacción de lo que se conoce como Documento de Aparecida, informe conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebró en el santuario de Nuestra Señora Aparecida, Patrona de Brasil. En este documento se declara, en el punto 436, lo siguiente:
«Esperamos que los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan de los crímenes abominables del aborto y de la eutanasia; ésta es su responsabilidad.

Por ello, ante leyes y disposiciones gubernamentales que son injustas a la luz de la fe y la razón, se debe favorecer la objeción de conciencia.
Debemos atenernos a la “coherencia eucarística”, es decir, ser conscientes de que no pueden recibir la sagrada comunión y al mismo tiempo actuar con hechos o palabras contra los mandamientos, en particular cuando se propician el aborto, la eutanasia y otros delitos graves contra la vida y la familia. Esta responsabilidad pesa de manera particular sobre los legisladores, gobernantes, y los profesionales de la salud».

2 comentarios:

Sancho dijo...

Palabras rotundas que hemos escuchado a muchos obispos y que son clarísimas respecto a la coherencia que tienen que tener no solo los médico, también los políticos.

Es increible como parlamentarios y votantes católicos hacen oidos sordos.

CHARO dijo...

Es auténtico lo que dijo y los católicos deberíamos se consecuentes con nuestra Fe....cada vez me gusta más nuestro Papa.Besotes

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).