martes, 8 de enero de 2013

Honor


Esto lo cuenta don Enrique Monasterio en su globo. Él estaba allí y yo me lo creo:
Oído en la estación de servicio de Los Ángeles de San Rafael. Una niña de ocho o nueve años enreda entre las revistas que están a la venta, mientras su madre paga en la caja.

―Mamá…
―Qué
―¿Qué quiere decir “honor”?
―Yo qué sé, Rocío… Una cosa de la Mafia me parece.
―¿Y “palabra de honor”?
―¡Ah!, ¿eso?… Un escote.

Yo estaba allí. Palabra de honor, o de lo que sea.

5 comentarios:

Marian dijo...

Vivir para ver, lo creo, dan ganas de reírse, pero más bien siento pena en mi interior, a donde vamos a llegar.
¡Gracias Elige, feliz día!
Un abrazo.

Angelo dijo...

La anécdota tiene su miga y su gracia. Hoy se escucha cualquier cosa. Lo triste o es que los padres dejen sin respuestas la curiosidad de los hijos... o los callen....
Un abrazo

CHARO dijo...

Siempre tuve la costumbre de cuando mis hijas me preguntaban algo que no sabía se lo decía claramente pero a cpntinuación les decía que cuando me informara bien se lo explicaría y así lo hacía y por supuesto siempre les dí la respuesta correcta porque me "molestaba" en buscarla. La respuesta de esta señora a su hija no me sorprende en absoluto pues vivimos unos tiempos en que la ignorancia es la reina del lugar y lo malo de esto es que así no hay forma de superarse.Besotes

Antonio dijo...

Es muy revelador, la madre lo ignora y la hija también.
Ya son dos generaciones de una misma familia, jopeta, así no me extraña que estén las cosas como están, solo falta que salga elegido como Presidente un tal Curro Jimenez.

AMALIA dijo...

Así va todo....

Un abrazo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).