Un juez canadiense no tiene reparo en enmendarle la plana a Dios. Ha sucedido con motivo del encarcelamiento de Mary Wagner, una joven activista próvida de la que ya os he hablado varias veces en este blog. Su terrible delito ha sido repartir rosas delante de las clínicas abortistas instando a las mujeres a no abortar. Desde que comenzó su labor en 1999 ha estado varias veces en la cárcel. La última, en noviembre del año pasado, cuando fue condenada a pasar 88 días en prisión. Pues bien, cuando estaba a punto de recibir la libertad condicional, el juez encargado del caso, S. Ford Clements, le preguntó si estaba dispuesta a mantenerse alejada de las clínicas abortistas durante los próximos tres años, a lo que Mary respondió que no. Esto fue suficiente para que el señor juez, con poderes de dictador absoluto en esto que llamamos democracia y que tanta risa tendría que causarnos, decidiera condenarla a 90 días más de prisión, con intención de doblegarla.
"Está usted obligada a acatar la ley. Ha perdido usted como ciudadana el derecho a acercarse a cualquier clínica abortista o a hablar con cualquier empleado de ella. ¡Usted se equivoca y su Dios se equivoca!”, afirma quien dice hacer justicia.
Me pregunto cuánto tiempo más estamos dispuestos a aguantar que los padres maten a sus hijos, y que algunos que se autodenominan ‘médicos’ se forren junto a empresarios sin escrúpulos ayudados por caciques como este. Sí, está muy bien decir que hay que dar más ayudas a la maternidad, pero mientras el aborto sea legal o esté despenalizado (que es lo mismo sólo que sirve para que algunas conciencias se tranquilicen al votar), gente como Mary Wagner seguirá en la cárcel y el genocidio de niños continuará.
El terrible crimen de salvar vidas
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