martes, 25 de diciembre de 2012

¡Salvemos a los niños, para salvar la esperanza de la humanidad!


Como los pastores, acudamos a Belén, quedémonos en adoración ante la gruta, fijando la mirada en el Redentor recién nacido.
En Él podemos reconocer los rasgos de cada pequeño ser humano que viene a la luz, sea cual fuere su raza o nación: es el pequeño palestino y el pequeño israelí; es el bebé estadounidense y el afgano; es el hijo del hutu y el hijo del tutsi... es el niño cualquiera, que es alguien para Cristo.

Hoy pienso en todos los pequeños del mundo: muchos, demasiados, son los niños que nacen ya condenados a sufrir, sin culpa, las consecuencias de conflictos inhumanos.
¡Salvemos a los niños, para salvar la esperanza de la humanidad!

Nos lo pide hoy con fuerza aquel Niño nacido en Belén, el Dios que se hizo hombre, para devolvernos el derecho de esperar.
Estas palabras tan actuales las pronunció el Papa Juan Pablo II en el mensaje Urbi et Orbi en la Navidad de 2001.

8 comentarios:

Rosa dijo...

¡Feliz Navidad! ¡Salvemos a los niños!

Un beso.

Sacramento Rosales dijo...

Feliz y Santa Navidad. Hoy estamos de fiesta, nos ha nacido el Salvador del mundo, el que puede entrar en nuestros corazones y limpiarnos.

martina dijo...

¡Feliz y Santa Navidad!

Pepe dijo...

Amiga Feliz Navidad, adoremos al Niño Dios!

Maria Auxiliadora dijo...

Quería agradecer tus saludos Navideños, Feliz Navidad para ti y los tuyos.

Marian dijo...

Feliz y santa Navidad! Que Dios colme
tu vida de su amor. Un abrazo.

María Jesús dijo...

Salvemos la inocencia
¡Feliz navidad!

Carlos dijo...

¡Feliz Navidad!

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).