viernes, 9 de noviembre de 2012

Testigos que nos hablan de la dignidad de cada vida humana


Cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida joven, quedamos desconcertados y quizá nos preguntemos: ¿Puede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento?
La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre.

Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana.
Jesús y, siguiendo sus huellas, su Madre Dolorosa y los santos son los testigos que nos enseñan a vivir el drama del sufrimiento para nuestro bien y la salvación del mundo.

Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana, creada a imagen de Dios. Ninguna aflicción es capaz de borrar esta impronta divina grabada en lo más profundo del hombre.
Desde que el Hijo de Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos ofrece también en el rostro de quien padece.

Esta especial predilección del Señor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle, además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero esto únicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con Cristo. De ello sois muy conscientes vosotros, religiosos, familiares, profesionales de la salud y voluntarios que vivís y trabajáis cotidianamente con estos jóvenes. Vuestra vida y dedicación proclaman la grandeza a la que está llamado el hombre: compadecerse y acompañar por amor a quien sufre, como ha hecho Dios mismo. Y en vuestra hermosa labor resuenan también las palabras evangélicas: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).
Vosotros sois también testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación.

Nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando “a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano” (Spe salvi, 40).

(Palabras del Santo Padre en su visita a la Fundación Instituto San José. JMJ Madrid 2011)

4 comentarios:

Salvador dijo...

La vida es lucha, es la experiencia que muchos de nosotros tenemos, y en esa lucha se experimenta dolor.

Sea victoria o pérdida a lucha es esfuerzo y sufrimiento, ¿cómo no va a ser el sufrimiento parte de nuestra vida?

Y en la aceptación y amor de ese sufrimiento vivido con dignidad se esconde la grandeza del hombre.

Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

Luján Fraix dijo...

HOLA
GRACIAS POR VISITAR MI BLOG Y POR QUEDARTE, YO TAMBIÉN ME HE ANOTADO EN EL TUYO.
MAÑANA VENDRÉ A LEER TU MARAVILLOSA ENTRADA PORQUE AHORA YA SON LAS 12 DE LA NOCHE Y ESTOY UN POQUITO CANSADA.

TE DEJO UN BESO Y UN ABRAZO.
GRACIAS NUEVAMENTE POR TUS BONITAS PALABRAS.

CHARO dijo...

Una vida llena de dicha y confort no tiene ningún mérito vivirla y lo hace cualquiera, lo que realmente hace grande a las personas es esa superación ante las dificultades y el sufrimiento.Besotes

Anónimo dijo...

Tengo un hijo con parálisis cerebral y estas palabras del Papa me hacen pensar en la realidad que los padres vivimos, viendo en nuestros hijos el rostro de Cristo.Gracias
Pedro

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).