jueves, 15 de noviembre de 2012

Si tuvieras que elegir entre hervir a un bebé o dejar que un desastre caiga sobre un millón de personas, ¿qué harías?


 
Harry Truman, el presidente número 33 de Estados Unidos, será siempre recordado como el hombre que tomó la decisión de tirar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki […]. Al principio, Truman se mostró renuente a usar la nueva arma. Lo malo era que cada bomba arrasaría una ciudad entera, no sólo los blancos militares, sino también hospitales, escuelas y casas de civiles. Mujeres, niños, ancianos y otros no combatientes serían exterminados junto con el personal militar […]. Cuando decidió autorizar los bombardeos, Truman expresó ideas similares. Escribió en su diario: “Le he dicho al secretario de Guerra, Stimson, que la use de modo que el blanco sean objetivos militares y los soldados y marinos, y no mujeres y niños […] Él y yo estamos de acuerdo. El objetivo será puramente militar”. Es difícil saber cómo interpretar esto, pues Truman sabía que las bombas destruirían ciudades enteras…
Elizabeth Anscombe, que murió en 2001 a la edad de 81 años, era una estudiante de 20 años en la Universidad de Oxford cuando comenzó la segunda Guerra Mundial. Ese año ella escribió en coautoría un discutido folleto argumentando que Gran Bretaña no debía entrar en la guerra porque terminaría peleando con medios injustos, como ataques contra civiles […]. Miss Anscombe era católica, y su religión ocupaba un lugar central en su vida […].

En 1968 celebró la declaración del papa Paulo VI en la que la Iglesia prohibió los anticonceptivos, y escribió un folleto explicando por qué el control artificial de la natalidad era ilícito. Hacia el fin de su vida fue detenida por protestar frente a una clínica en que se practicaban abortos. También aceptó las enseñanzas de la Iglesia acerca de la conducta ética en la guerra, que la llevaron a un conflicto con Truman.
Los caminos de Harry Truman y de Elizabeth Anscombe se cruzaron cuando, en 1956, la Universidad de Oxford otorgó a Truman un grado honorario. Ésta fue una forma de agradecerle la ayuda de los Estados Unidos durante la guerra. Quienes propusieron ese honor creyeron que no causaría controversias, pero Anscombe y otros dos profesores se opusieron a que se otorgara y, a pesar de que perdieron, lograron que se sometiera a votación algo que de otra manera habría sido aprobado de manera rutinaria.

Luego, mientras se confería ese honor, Anscombe se arrodilló fuera del salón, rezando. Anscombe escribió otro folleto, explicando esta vez que Truman era un asesino porque había ordenado los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Por supuesto, Truman creyó que los bombardeos se justificaban: habían abreviado la guerra y salvado vidas. Para Anscombe, esto no era bastante.
“Que los hombres decidan matar inocentes como medio para sus fines —escribió— siempre es un asesinato.” Y contestó al argumento de que los bombardeos habían salvado más vidas de las que suprimieron, diciendo: “¡Vamos! Si tuvieras que elegir entre hervir a un bebé y dejar que un desastre horroroso cayera sobre un millar de personas —o un millón, si mil no te bastan—, ¿qué harías?”. La cuestión es que, según Anscombe, hay ciertas cosas que no se deben hacer, pase lo que pase. No importa si puedes lograr un gran bien hirviendo a un bebé; es algo que simplemente no se debe hacer.

Tomado de: Rachels, J. Introducción a la filosofía moral. Ed. FCE, México, 2006.

4 comentarios:

CHARO dijo...

Yo no pdría elegir ninguna opción de las que propones.....La bomba atómica fué un hecho espantoso que no tendría que haber ocurrido por más que Truman se justificara y lo del grado honorario no lo puedo entender.Besotes

eligelavida dijo...

Son las palabras de Elizabeth Anscombe, importante filósofa británica, que venía a explicar que el fin no justifica los medios. Ni siquiera evitar muertes en una guerra terrible justifica arrasar una ciudad y matar y herir tal cantidad de civiles.

En nuestra sociedad ocurren cosas parecidas. Para curar a un niño (fin loable y bueno) se crea un 'bebé medicamento'. Para ello se fabrican varios embriones, se examinan, se selecciona al apropiado (es decir, se practica la eugenesia con ellos), y a los demás se los elimina o congela.

El fin NUNCA justifica los medios.

Boltzman Juani dijo...

Efectivamente, Truman debería haber tenido en cuenta que EL FIN NUNCA JUSTIFICA LOS MEDIOS.
Lo tragicómico de nuestra querida España es que con demasiada frecuencia las decisiones tomadas por nuestros políticos tanto los fines como los medios son inmorales.

Miriam dijo...

Nunca una acción directa contra la vida.
Si no recuerdo mal el ejemplo que nos ponian, era algo así:
si me secuestran junto con otras 8 personas y me dan a escoger entre
o yo mato a una de esas 8 personas o ellos las matan a todas, a las ocho. ..
yo no puedo matar a una.

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