miércoles, 28 de noviembre de 2012

Miguel, historia de una vida digna

 
Miguel es el segundo de nueve hermanos de una familia donde el sexto de ellos, Alejandro, es autista. Su madre recuerda emocionada que cuando Miguel tenía apenas 14 años habló muy serio con sus padres y, sabiendo que el futuro de su hermano Alejandro les preocupaba enormemente, les dijo que ya no tenían por qué preocuparse. Él  mismo se encargaría de su hermano cuando ellos faltasen. Pero Dios tenía otros planes para Miguel.
Miguel tuvo un accidente de moto cuando apenas era un chaval de dieciséis. “Acababa de volver del colegio”, recuerda su madre. “Estaba preparándose la merienda cuando un amigo  vino a traerle unos apuntes y Miguel lo acompañó hasta la puerta. Al ver que había venido en moto, se la pidió para dar una vuelta por la urbanización. Era el mes de diciembre, a las seis y veinte de la tarde. A 200 metros de casa había un camión atravesado. Miguel no lo vio y se dio un fortísimo golpe, sobre todo en la cabeza”. Sus padres se enteraron cuando los llamaron desde el hospital.  “Desde un principio nos dijeron que no iba a sobrevivir. Nos propusieron donar sus órganos. Estaba en coma profundo, con ventilación asistida, hasta que, para evitar infecciones, decidieron hacerle una traqueotomía”.
Miguel permaneció ingresado durante tres meses que “fueron durísimos, aparte de por la situación, por el trato recibido en el hospital, donde encontramos bastante incomprensión y ninguna caridad”. Aunque los médicos se lo desaconsejaban y les advirtieron de que no viviría mucho tiempo, sus padres prefirieron encargarse de su cuidado. “Decidimos -explica Sonsoles- traérnoslo a casa, para que muriese aquí, rodeado de su familia y en su cama”.
Quince años después sigue en casa, para sorpresa de los médicos. Su supervivencia no es fruto del azar o del destino. Es, sin duda, fruto de la entrega de una familia que no le deja ni a sol ni a sombra, volcada en el cuidado de su hermano porque “la dignidad de Miguel sigue siendo la misma, y su vida, igual de digna”.
Miguel no hizo un solo gesto durante los primeros cuatro años de coma. En casa le trataban como si pudiera entender todo lo que le decían, sin obtener ningún tipo de respuesta. Sus hermanos, ya desde entonces, hablaban mucho con él y le gastaban bromas. De pronto, un día dio la primera señal de “vida interior” de manera fortuita. “Estaba viendo en la tele a José Luis Moreno, cuando el cuervo Rockefeller dijo eso de “¡toma moreno!”, y Miguel esbozó una pequeña sonrisa que sólo vio la enfermera.” Al día siguiente, a la misma hora y viendo el mismo canal, estaba toda la familia pendiente no de Rockefeller, sino de Miguel. Efectivamente, al soltar el cuervo su peculiar “¡toma moreno!”, Miguel volvió a esbozar una leve sonrisa, “con lo que ¡os podéis imaginar la alegría!”, recuerda Sonsoles sin poder contener la emoción, “¡lo pesados que estuvimos  toda la familia con el “toma moreno” día y noche durante no sé cuánto tiempo!”.
Cuando los médicos vieron que Miguel gesticulaba, no daban crédito. “Cada día en esta casa durante los últimos quince años ha sido una lucha. Pero cada noche doy gracias a Dios porque es una batalla ganada al tiempo”. Su madre lo dice orgullosa porque, después del accidente, se llevaron a Miguel a morir a casa y quince años después, no sólo no ha muerto, sino que es capaz de sonreír. También han conseguido que sea capaz de tragar, incluso las enormes pastillas que toma diariamente, por lo que no le es necesario el uso de sonda o mecanismo alguno. Aunque también costó lo suyo, y el milagro de la alimentación se fraguó porque su madre se empeñó.
En verano se bañan en la piscina con él, “y eso ya es el placer total”. En un bordillo han instalado una polea con motor eléctrico. Ahí enganchan a Miguel y le meten en el agua con cuidado… o sin él: en ocasiones lo agarran entre dos hermanos y se tiran a bomba los tres juntos e incluso le hacen “aguadillas”. Cada día en la casa de los Nocito Muñoz es un canto a la vida. Más que un canto, es un grito fortísimo, que nos ofrece a los que asistimos perplejos a su rutina una bocanada de aire fresco.
Este texto es un extracto del testimonio publicado hace años en la web conelPapa.com bajo el título “Miguel Nocito, una vida digna trasquince años en coma, gracias a su familia”. En el enlace podéis leer la historia completa. Merece la pena.

6 comentarios:

Teresa dijo...

Una gran historia y fíjate que esa aceptación de la enfermedad se produce en una familia de nueve hermanos, ya generosa de por si y con un hermano discapacitado.

Parece que hay gente que les "toca" todo, pero son los que reaccionan con mas generosidad.

Rafael dijo...

Me parece estremecedor y realmente impresionante.

CHARO dijo...

Impresionante historia y un gran ejemplo de vida.Besotes

Clo dijo...

Ánimo para esa familia.

"Lo que hagái con uno de éstos, a mi me lo hacéis". (Mt 25,40).

Tienen el cielo ganado, y su familia es una canto a la vida.

Cordelia dijo...

Esas personas a las que les "toca todo" es, precisamente, porque son capaces de recibir como se merece los regalos de Dios.

antoni dijo...

Bienaventurados los limpios de corazon...) teneis un santo a vuestro lado y vosotros la bendición familiar que es la que más le gusta al Padre (Abba-Papito-Papá-entrañable)
El os tiene guardado un rinconcito con El, pero ya os ha dado con Miguel un anticipo del Reino, Paz y bien

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