jueves, 1 de noviembre de 2012

«En este tiempo son menester amigos fuertes de Dios»


Decía santa Teresa: «En este tiempo son menester amigos fuertes de Dios». Pues si en aquellos tiempos eran necesarios amigos fuertes de Dios, hoy… no te digo nada.
En la celebración litúrgica de este día me encanta escuchar que los santos forman 'una muchedumbre grande, que nadie puede contar, de toda nación, pueblo y lengua'.  No forman un grupo aparte, un conjunto de gente, la unión de unos cuantos. No, son una multitud, toda una muchedumbre… de intercesores. Todos diferentes, cada uno de su padre y de su madre, y todos santos. Dice una amiga mía de 85 años que si Dios hubiera querido que todos fuésemos iguales, no habría creado personas, habría hecho ladrillos. Dios derrochó fantasía en los hombres, mujeres y niños que hoy están ya en el Cielo, y ahí tenemos a nuestra variadísima multitud de intercesores dispuestos a ayudarnos a llegar.

Santos canonizados, otros que no lo están pero que quizá conocimos en vida, y otros santos desconocidos… bueno, desconocidos para nosotros, pero no para Dios. «¿Quiénes son y de dónde han venido?» (Ap 7, 13). «Señor, tú lo sabrás» (Ap 7, 14). Son los amigos fuertes de Dios, la santidad de la Iglesia.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).