viernes, 2 de noviembre de 2012

De mi recuerdo o de mi olvido...


En el día que la Iglesia recuerda a los fieles difuntos os traigo una palabras del entonces Cardenal Ratzinger (hoy Benedicto XVI), sobre el tema siempre interesante del purgatorio. Por cierto, no os perdáis el video donde unas encantadoras señoras debaten esta cuestión teológica:
La Reforma protestante, en teoría, no admite el purgatorio ni, por consiguiente, las oraciones por los difuntos. Pero en la práctica, al menos los luteranos alemanes han vuelto a ellas justificándolas con algunas consideraciones teológicas.

Las oraciones por los propios allegados son un impulso demasiado espontáneo para que pueda ser sofocado; es un testimonio bellísimo de solidaridad, de amor, de ayuda que va más allá de las barreras de la muerte.
De mi recuerdo o de mi olvido depende un poco de la felicidad o de la infelicidad de aquel que me fue querido y que ha pasado ahora a la otra orilla, pero que no deja de tener necesidad de mi amor.


3 comentarios:

CHARO dijo...

Si, hay que rezar por todos los difuntos, tanto por aquellos que quisimos cómo por esos otros que no nos cayeron muy bien y sobre todo hay que rezar por aquellos que son los olvidados porque no tienen a nadie que rece por ellos......yo así lo hago porque deseo que también recen por mí el día que falte.Besotes

Marta dijo...

jajaja me encanta el debate teológico :D Además creo que las dos tienen razón. La existencia del purgatorio es dogma de fe (creo) pero dificil explicación la del espacio y tiempo en la eternidad..

Belen dijo...

Me encantó el video :)

Un cariñoso saludo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).