lunes, 26 de noviembre de 2012

«Como si Dios no existiera» (etsi Deus non daretur)


Hay quien dice que no hay nada nuevo bajo el sol, que la terrible situación de crisis (ante todo moral) que atraviesa el mundo no es más que la repetición de otros escenarios ya vividos. No es así. El siglo XX, que fue especialmente prolífico en avances científicos y tecnológicos, quedó al mismo tiempo marcado, de un modo muy particular, por el mal. Y con esa herencia hemos entramos en el nuevo milenio.
El Papa Juan Pablo II, profeta de nuestro tiempo, afirmaba que hoy es preciso predicar, de forma muy especial, la misericordia de Dios, pues, aunque ante la humanidad se abren nuevas perspectivas de desarrollo, al mismo tiempo, se extienden «peligros hasta ahora inéditos».

El hombre de hoy se ha arrogado el derecho de Dios a interferir en la vida humana. Mediante manipulaciones genéticas, fabricación de embriones, eugenesia, aborto y eutanasia, el hombre pone límite a la vida y determina la muerte; ataca al matrimonio y a la familia con leyes injustas, y extiende la violencia con guerras y odio.
Quieren convertir a Dios en «el gran ausente», y lo expulsan de la sociedad, de la cultura y de su vida.

Hace años, una sentencia de Estrasburgo condenó al Crucifijo a permanecer encerrado en un armario; en Europa, el crucifijo comenzó a desaparecer de las escuelas y los hospitales. Hace pocos días, la Eurozona estableció la prohibición de que los santos Cirilo y Metodio aparezcan en las monedas de 2€, 'para cumplir con el principio de neutralidad religiosa'. En Estados Unidos, los enemigos de Dios no se felicitan la Navidad, sino las 'vacaciones', con la excusa de ser políticamente correctos con los no creyentes o los que pertenecen a otras religiones. En Brasil, la Fiscalía del estado de São Paulo pretende eliminar la mención a Dios en su moneda, quitando de los billetes la frase «Deus seja lauvado» (Alabado sea Dios).
Todos estos no son más que pequeños ejemplos de como el hombre va desterrando a Dios de su mundo, comportándose como si fuera el único artífice de su propio destino, «como si Dios no existiera».

Será difícil dar marcha atrás. Mientras tanto, nos queda a los cristianos luchar para que no nos quiten a Dios de la escuela y de la educación de nuestros hijos, ni arranquen el crucifijo de la vida pública, sin olvidar que, para nosotros, no hay términos medios, porque «si Dios no existe, tú, hombre, ¿podrás existir de verdad?» (Juan Pablo II a los jóvenes).
 

8 comentarios:

Salvador dijo...

Coincido en que por ahí va la historia. El hombre da la espalda a Dios porque se siente fuerte, grande, descubridos de muchas cosas que le hacen progresar...

Y se siente tentado a ser independiente y no necesitarlo. Lo borra de su vida.

Pero caerá en su propia red, la soberbia, y descubrirá que ha tomado un camino erróneo. Sólo es cuestión de tiempo. Sólo que quizás cuando lo descubra sea algo tarde.

Ese es un riesgo que no quiero correr.

Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

Juanjo dijo...

Es algo impresionante como el beato Juan Pablo II hablaba del siglo XX sin pelos en la lengua, habiendo sufrido personalmente el nazismo y la crueldad del comunismo. Su capacidad de observación y análisis lo llevó a afirmar que el maligno se había instaurado con nuevas formas, con peligros inéditos, como cuentas tu en la entrada. Esas formas persisten en la segunda década del siglo XXI. Ahí está el gran reto de los cristianos de hoy.

CHARO dijo...

Peor que la crisis económica es la gravísima crisis de valores morales y religiosos que estamos atravesando.....estoy convencida de que si superamos esta crisis sabremos salir con mucha facilidad de la pobreza, el paro y demás miserias humanas que nos han traído la crisis económica.Besotes

Alfonso dijo...

Con gran tristeza coincido en que hemos convertido a Dios en el gran ausente. Quiera El perdonarnos, porque unos han actuado pero los otros hemos callado o no hemos gritado lo suficiente.

Carlos dijo...

Lo suscribo y te felicito por expresarlo con tanta claridad. Gracias Elige!

Sancho dijo...

Es el sereis como dioses..

Pienso que es algo viejo como la humanidad, aunque ahora se de lógicamente con características nuevas.

Antonio dijo...

No hay peor ciego que aquel que no quiere ver, no es que no lo gritemos.........es que Satán les ha robado el sentido del oido.
Y si nos damos cuenta de que sin El no somos nada.......entonces para que queremos reyes, presidentes, ministros.......
No, mejor ponemos la tele y ya está.

Animas Mijangos dijo...

Animo hermanos en Cristo, con la gracia de Dios nuestra labor dara fruto, sigamos predicando el Evangelio de Cristo, eligiendo la vida; dura es la batalla pero quien nos sostiene es el Senor; hoy mas que nunca debemos poner manos a la obra, educando en el temor de Dios y la vida sacramental. Dios les bendiga.

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