viernes, 30 de noviembre de 2012

Combatir la pandemia del SIDA con la verdad, una prioridad


Combatir la pandemia del SIDA debería ser prioritario para todos los gobiernos del mundo. Y no digo que hasta ahora no se hayan hecho cosas, y muchas, a este respecto. Pero también se ha actuado equivocadamente en ocasiones, convirtiéndose los políticos en parte del problema, en lugar de ser parte de la solución.

Hace un año, el Parlamento Europeo aprobó una resolución para combatir el SIDA proponiendo, entre otras medidas, el aborto de los niños no nacidos en riesgo de contraer la enfermedad. Es lo de siempre, acabar con el mal, matando a quien lo padece.

Por otro lado, durante años hemos visto cómo gobiernos y responsables políticos se empeñan en dar supuestas soluciones que, no solamente no previenen la enfermedad, sino que colaboran a expandirla, como por ejemplo la promoción del preservativo en publicidad destinada a los jóvenes. Con ello no se evita la transmisión del SIDA, sino que se induce a los adolescentes a mantener un comportamiento promiscuo y, por tanto, de riesgo. Este tipo de publicidad es fraudulenta porque engaña a los jóvenes diciéndoles que si usan el preservativo ya no corren peligro de contagiarse, cuando la experiencia demuestra que no es así. Hoy por hoy, la relación sexual con una pareja mutuamente fiel, y por supuesto la abstinencia, son las únicas estrategias preventivas absolutamente eficaces.
Es mucho lo que se ha hecho estos años luchando contra abusos, prostitución, miseria y droga. Además, se ha generalizado la información sobre esta enfermedad y sus vías de transmisión. Pero no permitamos que esa información sea interesada. Cuando la publicidad acerca de la prevención del SIDA favorece la promiscuidad, no sólo no se frena la enfermedad, sino que se ayuda a expandirla.

Después de tantos años luchando contra el SIDA y después de millones  de víctimas, la sociedad debería admitir que hay un SIDA, el que se transmite por vía sexual, que puede prevenirse con eficacia a través de la formación de los niños y adolescentes en los auténticos valores de la vida, el amor y la sexualidad.

4 comentarios:

Maria del Rayo dijo...

Yo también creo que con una buena formación se previenen muchos males.
Gracias!!

Clo dijo...

Esque como los valores que de verdad sirven para.prevenir el SIDA no son populares ni se molestan en intentarlo. Parece que hoy en día vivir un noviazgo casto y/o un matrimonio (o relación de pareja,los no creyentes) fiel es una utopía. Y no lo es. Pero cuando propones esas cosas en una tertulia te miran como a un bicho raro... y no es tan raro. Además no sólo es que el Creador pensase así el amor humano, esque los propios humanos buscamos en lo profundo un amor exclusivo que me quiera por mi ser y no por lo que le pueda ofrecer (esto viene al caso de la castidad en el noviazgo, una experiencia plena de respeto y amor que se convierte en roca firme sobre l que construir el matrimonio).

Seguiremos diciéndolo alto y claro,Elige.

Santos Rull Segura dijo...

En mi blog(1) publiqué aspectos relacionados con el SIDA(entre ellos la eficacia de los preservativos) que os invito a conocer.Puedo afirmar(como médico conocedor del tema) que dicha eficacia no es absoluta y que sólo con preservativos no se erradica la infección VIH(puede incluso ser contraproducente).
Saludos,Dr.S.Rull(Medicina Interna)
(1)http://biogandia.blogspot.com

Teresa dijo...

Es dificil de entender que sabiendo las vías de transmisión, todavía mucha gente se contagie facilmente. La información tiene que ser siempre veraz.

Un abrazo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).