martes, 9 de octubre de 2012

Los piononos y la gracia tumbativa



Hay quien dice que últimamente se habla mucho de la Nueva Evangelización. Yo pienso que se habla demasiado poco. San Pablo lo tenía clarísimo: «Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el Evangelio!» (1 Co 9, 16). Y es que la tarea de evangelizar es la misión esencial de la Iglesia, y la Iglesia no son sólo los ‘curas y las monjas’ como creen algunos. La Iglesia somos todos los bautizados y todos estamos llamados a evangelizar.
¿Qué hace falta para dar testimonio ante los hombres y mujeres de hoy?

El Papa Juan Pablo II decía que «hoy se pide a todos los cristianos la misma valentía que movió a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Espíritu». Por tanto, valentía, disponibilidad… y mucha formación. No en vano dice san Pedro, primer Pontífice de la Iglesia: «Estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (1 Pedro 3,15), y no podremos dar razones a nadie si no conocemos nuestra propia fe. De manera que formación, conocimiento del catecismo que, aunque parece algo muy antiguo es, en realidad, muy actual.
No digo que no haya que echarle imaginación. Eso también. Hablar de Cristo «a tiempo y a destiempo» en un mundo que vive una progresiva pérdida de fe y de sentido de lo sagrado implica poner sobre el tablero muchas cosas, pero no perdamos el norte.

En Córdoba, Argentina, han abierto un café donde la gente puede tomar platos con nombres ‘religiosos’ e incluso confesarse. Y digo yo que habiendo iglesias, ¡qué ganas de confesarse en un café! Es cierto que confesarse puede uno confesarse en cualquier sitio habiendo necesidad, pero así porque sí..., no se yo si eso es realmente evangelizador. En cuanto a lo de comer pasteles con nombres curiosos, me parece estupendo, aunque dudo que los pasteles conlleven ‘gracia tumbativa’. Mi amiga Dolores, de Granada, sigue tan atea como siempre, y eso que se pasa la vida merendando piononos como el de la foto.
Pionono: bizcocho borracho con crema tostada cuyo nombre alude a Pío IX (Pío nono, según se pronuncia en italiano).

6 comentarios:

Militos dijo...

¿Sabes?, contaba el Párroco de Arcendo que antes para que fueran a la Iglesia se tocaban las campanas, pero que ahora habrá que ir a tocar el timbre de cada puerta.
Sinceramente creo que habrá que hacer de todo, aunque yo soy más partidaria del contacto persona a persona, pero carismas tiene la Santa Madre Iglesia.

Eso sí, los Piononos estan diciendo: cómeme, UUUM... Ni sabía que existían.
Un beso

eligelavida dijo...

Jajaja! Yo los descubrí en Granada y están riquísimos!!

Yo también soy partidaria del tú a tú y, como dices, carismas tiene la Iglesia, pero eso de ir a la cafetería expresamente a confesarse, sinceramente...

CHARO dijo...

Si yo fuera atea y me comiera ese pionono de la imagen de verdad que me volvería creyente porque tiene toda la pinta de ser un placer de dioses:-)
Me quedaré con las ganas de probarlos al fín y al cabo soy creyente y estoy de acuerdo en que somos todos responsables de la evangelización y que para ello hay que formarse. Besotes

Belen dijo...

Si en lo alto,dan consentimiento,yo no voy a poner "peros".

Que todo sea por y para Gloría del Señor.

En cuanto a los piononos,doy Fé,estan deliciosos :)

Un cariñoso saludo.

Angelo dijo...

Tengo que volver a probarlos.
Es una gran idea investigar sobre los nombres de platos religiosos. Me has abierto la curiosidad.
Un abrazo

Alfonso dijo...

Me sorprende que nadie opine en contra de la confesión cafetil. Es obvio que con ello se pretende rizar el rizo y hacen pensar en si los que lo proponen tienen buena fe o no.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).