lunes, 22 de octubre de 2012

Cuando no se vive como se piensa, se acaba pensando como se vive


Hay que reconocer que vivimos en un tiempo en el que oponerse a ciertas cuestiones es exponerse a la marginación. La televisión, por ejemplo, está constantemente emitiendo ‘reality shows’ donde se degrada la condición humana, se hace apología de la promiscuidad sexual y se ataca el matrimonio y la familia, por nombrar tan sólo algunos aspectos. Y lo malo no es lo que hace el programa televisivo, sino la forma en que nuestra sociedad lo acepta y lo defiende.
Decía Orwell que ‘hoy, la primera labor del hombre intelectual es recordar lo obvio’.  Pongamos un ejemplo:

Es una obviedad que el ser humano es un ser corporal y que la diferencia entre el hombre y la mujer está marcada por la diversidad de sexo, es decir, por su singularidad genética. A pesar de esta evidencia, los promotores de la ideología de género afirman que no existe una identidad masculina y otra femenina a partir del sexo biológico, sino que cada uno es libre de elegir su propia identidad sexual. Cuando estas cuestiones se discuten en televisión, en la prensa o, simplemente, en una reunión de amigos, vemos como todo tipo de personas, trabajadores, universitarios, profesionales liberales, padres y madres de familia, asienten a estas tesis que hace apenas unos años eran rechazadas mayoritariamente. ¿Es por ser políticamente correctos? ¿Lo hacen por miedo a ser discriminados, a sufrir la burla de los demás? ¿O es que realmente están de acuerdo con algo que la razón nos dice que es falso?
No lo se, pero sí observo que, cada día más, la persona va quedando reducida a unas convicciones superficiales y relativistas. Pienso que la aceptación de ciertas cosas que van contra la razón se debe a que su práctica está tan extendida que ya nadie se atreve a oponerse a ellas. Hemos llegado a ese punto en el que cuando no se vive como se piensa, se acaba pensando como se vive.

6 comentarios:

xtobefree dijo...

Buenos días Eligelavida. No sé si es recordar lo obvio pero lo más triste es tener que demostrar la evidencia, como que el fruto de una relación humana es un ser vivo humano, con todos sus derechos humanos desde la concepción hasta la muerte natural. Esto entristece porque no quieren ver lo obvio y evidente y la razón entenebrecida extiende el reino de Satanás por todos los rincones donde no se está en vela, con las armas que das en tu hermoso blog.Un abrazo.

Ricardo dijo...

Se trata de buscar la vida facil y hay que reconocer que es mas facil dejarse llevar por la corriente. Al final, uno acaba convencido de que cree lo que no cree.

Pepe dijo...

+1 a todo.

elsillóndepapá dijo...

Yo creo que la gente se acomoda con facilidad. A veces es mejor no tener ideas, principios y es mejor que lo que diga la mayoría va a ser lo que uno piense. Así nadie nos mirará mal ni nos dirá nada, simplemente perteneceremos al gran rebaño. Un abrazo

'Mrswells' dijo...

Que verdad como un templo acabas de decir!

Y la verdad es que se estan viviendo 'locuras' sin cuestionarse, como que seres completamente sanos sean considerado enfermos, locos o criminales...porque CREEN en algo distinto a lo que se vive

Es de miedo..

CHARO dijo...

Es una gran pena que cada vez haya más personas que piensan cómo viven, parece que todo se está desvaratando y que los valores éticos están desapareciendo o lo que es mucho peor: están cambiando esos valores que siempre nos enseñaron por otros demasiados peligrosos.Besotes

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).