sábado, 15 de septiembre de 2012

Si queremos la paz, defendamos la vida


La dignidad del hombre es inseparable del carácter sagrado de la vida que el Creador nos ha dado. En el designio de Dios, cada persona es única e irremplazable. Viene al mundo en una familia, que es su primer lugar de humanización y, sobre todo, la primera que educa a la paz. Para construir la paz, nuestra atención debe dirigirse a la familia para facilitar su cometido, y apoyarla, promoviendo de este modo por doquier una cultura de la vida. La eficacia del compromiso por la paz depende de la concepción que el mundo tenga de la vida humana. Si queremos la paz, defendamos la vida. Esta lógica no solamente descalifica la guerra y los actos terroristas, sino también todo atentado contra la vida del ser humano, criatura querida por Dios. La indiferencia o la negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre impide que se respete esta gramática que es la ley natural inscrita en el corazón humano (cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007, 3). La grandeza y la razón de ser de toda persona sólo se encuentra en Dios. Así, el reconocimiento incondicional de la dignidad de todo ser humano, de cada uno de nosotros, y la del carácter sagrado de la vida, comportan la responsabilidad de todos ante Dios. Por tanto, debemos unir nuestras fuerzas para desarrollar una sana antropología que integre la unidad de la persona. Sin ella, no será posible construir la paz verdadera.
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI - Sábado 15 de septiembre de 2012.

6 comentarios:

Armando dijo...

Y para edificar la Paz hacen falta dos fuerzas fundamentales: Esperanza, en el que nos creó y fortaleza, en la libertad que nos otorgó. Si sabemos conducirnos como seres creados para amar, debemos amarnos a nosostros en primer lugar, para luego, irradiar ese amor de Dios a todos los que nos rodean. Y el mejor método, el que nos mostró Cristo: Su entrega en la sencillez, en la comprensión y en el conocimiento de nuestras limitaciones, a sabiendas de que sin Él, no podemos avanzar. Por eso, y ahí está el gran milagro, se hizo como nosotros, con nuestra propia carne, para sentir en la suya, nuestras limitaciones. Así lo vemos en Getsemaní, afrontando y dándonos ejemplo, mostrando fehacientemente, de que a su lado, al lado de Dios, estamos a salvo de todo desamparo.
Me ha instruido mucho leer tu entrada con esas palabras del Papa.
Un fuerte abrazo.

Ana Estrella Vazquez dijo...

:)

Ana Estrella Vazquez dijo...

:)

gosspi dijo...

Que clarito lo dice al Papa....y es que el que no quiere oir...no oye
Entre sordos y ciegos vivimos elige....me encanta hayas puesto esta entrada..unidos al papa y en oracion haremos que se defienda la Vida....

José Miguel dijo...

Magníficas como siempres las palabras del Santo Padre.
Realmente el término Paz más que un sustantivo es un verbo, pueto que para mantenerla es necesario la acción De forma especial "Si queremos la Paz, defendamos la vida".

Teresa dijo...

La paz es un bien que se promueve con el bien: es un bien para las personas, las familias, las Naciones de la tierra y para toda la humanidad; pero es un bien que se ha de custodiar y fomentar mediante iniciativas y obras buenas.

Se comprende así la gran verdad de otra máxima de Pablo: «Sin devolver a nadie mal por mal».

El único modo para salir del círculo vicioso del mal por el mal es seguir la exhortación del Apóstol: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien»

Juan Pablo II

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).