jueves, 13 de septiembre de 2012

Estrella Morente y las Hermanitas de los pobres



Era una mañana soleada del mes de agosto. Llegué con mi amiga Rosa. Teníamos mil cosas que hacer, como el resto de los días. Ir corriendo de un lado para otro hubiese sido lo normal en nosotras pero cuando entré allí, se paró el tiempo. La luz de aquel lugar, el eco de las suaves voces que retumbaban en otra sala cercana, la limpieza y el brillo del suelo de los pasillos, casi convertidos en espejos, me fueron envolviendo hasta llenarme de una magia especial.
En el ambiente se respiraba la esperanza. Me atendió la señorita Beatriz, trabajadora social y gran belleza malagueña de ojos verdes que, muy generosa, tras escuchar mi petición me invitó a que esperase sentada a la madre Genoveva.

Yo estaba nerviosa, hacía tiempo que no iba a la iglesia. Me imponía mucho hablar con ella. De pronto me quedé en blanco y no recordaba ni qué quería contarle cuando apareciese. La simpatía de Beatriz y la compañía de Rosa hicieron más amena aún la pequeña espera. Además allí se estaba muy fresquito. De pronto apareció ella. Era un ángel. La piel inmaculada, la mirada limpia, las vestiduras blancas y un sonrisa eterna. Eso, un ángel.
Ese primer encuentro, afortunadamente, duró más de lo previsto y dio lugar a una agradable conversación que animó a la madre a enseñarme la casa, las instalaciones y el mecanismo que seguían para llevar a cabo todo cuanto me había contado que allí se hacía por los demás. Les puedo asegurar que mis sentimientos iban creciendo y aflorando a medida que íbamos visitando la farmacia, la peluquería, la capilla, el comedor, la cocina, la biblioteca… Todo era maravilloso. Todo estaba bien organizado.

Cada vez que la madre Genoveva entraba en una habitación, esas personas se la comían a besos como si fuera la última vez. Yo la vi repartirlos como si fuera la primera. Vi la recompensa a la lucha y a la entrega de este maravilloso ser y todas las hermanos y voluntarios que la ayudan a llevar a cabo esta labor encomiable y única que es repartir amor, amor y amor. De pronto me invadió la sensación de querer pertenecerle y formar parte de su familia de alguna manera. Cuando más lo deseaba vi en una de las estancias un cartel de toros que anunciaba una corrida extraordinaria a beneficio de las Hermanitas de los Pobres. Y el organizador de esta maravillosa historia era mi marido, el torero Javier Conde. Allí, colgado en la pared, aún permanece el recuerdo de la historia que tantas veces él me había contado orgulloso y satisfecho por lo conseguido y lo entregado. Pero mi mayor sorpresa llegó cuando la Madre Genoveva me explicó que todo aquello estaba hecho con la caridad y la voluntad de las personas, es decir, con las limosnas de gente buena que piensa en los demás. ¿Cómo podía aquello sostenerse tan dignamente solamente con las limosnas del prójimo?
Supongo, no, doy por hecho que, además de contar con gente maravillosa que aporta lo que puede, tendrá mucho que ver el don divino que tienen estos ángeles para la paciencia, el orden, la constancia, la limpieza, la humildad, el corazón, la solidaridad…

Me he enamorado de este lugar. Del caminar de estas personas. Y espero humildemente saber protegerles y alentarles para que puedan seguir desarrollando la labor más importante que hay en la vida: ayudar a los demás. Gracias por existir.
Estrella Morente Carbonella (Fuente: diocesismalaga.es)

3 comentarios:

Salvador dijo...

Cuando te abres al amor y experimentas sus consecuencias, no puedes resistirte a su belleza, a dejarte contagiar por él, pues amar es la aspiración más grande del ser humano.

Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

CHARO dijo...

Ójala y hubiera infinidad de hermanitas de los pobres repartidas por todo el mundo...nos iría mucho mejor.Besotes

Belen dijo...

Me encanta esta chica,gracias elige.

Un cariñoso saludo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Mi foto
Spain
Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).