miércoles, 5 de septiembre de 2012

En el aniversario de Madre Teresa (II)


“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”.
De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas”.

3 comentarios:

...PARA DISFRUTAR dijo...

Hace un año, en septiembre de 2011, publiqué una entrada sobre la Madre Teresa de Calcuta.
Siento admiración y respeto por ella desde que leí su libro.
Y fuí a una exposición en Madrid , en la que disfruté muchísimo, y pude aumentar mi admiración y respeto hacia ella.
Si quieres verla está en mi archivo de publicaciones.

Saludos

eligelavida dijo...

Gracias, pasaré a verla. Yo también estuve en la exposición de Madrid y me gustó mucho, aunque estoy convencida de que aún hay muchas cosas de la Madre Teresa que desconocemos. Creo que de los libros publicados sobre ella el mejor es 'ven, se mi luz'. Al menos es el que contiene más escritos y cartas suyas.

Gracias por tu comentario. Un saludo!

CHARO dijo...

Admiro a esta gran mujer que es un gran ejemplo a seguir.Besotes

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).