viernes, 27 de abril de 2012

Una historia real de amor a la vida



Copio aquí una  historia publicada en Infocatólica. A pesar de su dramatismo, encierra un gran amor a la vida:

La noticia se la dieron el 28 de diciembre, al tercer mes de embarazo, y tres días después de brindar en Nochebuena porque "¡se agrandaba la familia!" La ecografía de ese día mostró que eran mellizos: varón y mujer. Pero antes de que C. y L. pudieran celebrar la noticia, les dieron el diagnóstico: anencefalia (sin cerebro) en el varón, y encefalocele (cerebro con hernia) en la mujer. "Salí desesperada del consultorio y me zambullí en Internet", le contó C. a LA GACETA. "¿Sabes qué día era? El Día de los Santos Inocentes", añadió.

"Ya no recuerdo la infinidad de médicos que me vieron desde entonces. Ninguno sabía explicarnos a mi marido y a mí cuál era el pronóstico. Sólo se apresuraban a aclararnos: ‘miren, esta es una decisión de ustedes, piensen tranquilos, que nadie los va a juzgar...’ ¿Decidir qué? ¿Quién nos va a juzgar? ¡No entendíamos nada! ¡Todavía no nos caía la ficha! Y ellos seguían: 'no se aten a la moral ni a la religión...' A ver... ¡sólo quiero saber qué se puede hacer! ¡No me empiecen hablando de la interrupción del embarazo!", renegaba esta mujer de 37 años con rostro de niña.

"Lo único que sabíamos era que había dos corazones latiendo a full. ¡Y no los íbamos a parar nosotros! Pero ¿cómo sigue esto? Uno de los ecografistas apenas me vio me dijo: 'seguir con el embarazo es una locura. Se te va a hinchar la panza, no vas a poder aguantar el dolor... ' Ahí sí me asusté muchísimo. ¿A qué me estoy exponiendo, si mis hijos se van a morir igual? Después mi ginecóloga me tranquilizó: 'no, mirá, vamos a continuar el embarazo mientras no pongamos en riesgo tu salud. Los bebés estarán bien siempre que estén en tu panza'", siguió relatando

Enfrentar la mirada del otro no era más fácil que escuchar a los médicos. "Me tuve que bancar que me digan: 'Dios sabe por qué te manda esto', 'si Él lo permite por algo será', 'los hijos pagan por los pecados de los padres'... Entonces dije ¡basta! Mis hijos no son un castigo. Y decidí no hablar más sobre el asunto, salvo con personas muy allegadas. Sin embargo, siempre te tenés que enfrentar con gente que te pregunta: ¿qué nombre les vas a poner? Qué contenta debes estar ¿no?", rememoró. Los meses pasaron con ráfagas de felicidad. Pero sin preparativos ni elección de nombres. La decoración de la habitación de los bebés quedó paralizada. En cambio, había que hacer otras cosas: comprar ropita para la partida, averiguar sobre el servicio de sepelio... "Cuando le pedí a mi marido que se encargara de todo eso, se quedó mirándome como si no entendiera nada, hasta que se dio cuenta. ¡Es tan duro todo esto...!"

"¿Para qué día querés que programemos la cesárea?", le preguntó la ginecóloga. "No, por favor, no me hagas decidir a mí el día en que se van a empezar a morir mis hijos", le rogó C. "Está bien, será el miércoles 18 de abril a las tres de la tarde".

El domingo 15, por la noche, tres días antes de la operación, un amigo, Teo, me puso en contacto con C. y T., a quienes no conocía. Ya era bastante tarde cuando llegué a su casa. Conversamos largamente todo lo que aquí se cuenta, y a la medianoche nos despedimos con un abrazo. C. me permitió poner las manos sobre su panza y ahí pude sentir la danza de la vida... Los movimientos vigorosos, seguros, ajenos a todo lo que pasaba alrededor. Sonreímos juntas y nos emocionamos. "¡Es impresionante cómo se mueven! Y mirá que sólo se dejan sentir así con el papá". ¡Epa! ¡Qué patada! ¡Seguro que es el varón!" El dramatismo se vuelve miel hasta que nos despedimos.

El gran día llegó a los siete meses de gestación. La operación transcurrió sin sobresaltos, como el embarazo (ni siquiera se le hincharon los pies).

Los dos nacieron vivos. Fueron bautizados en el mismo quirófano por un sacerdote que había sido preparado para ello. El varón, que llevó el nombre de un santo, y que era el que más se movía, fue el primero en partir. Ni siquiera tuvo fuerzas para esperar a que su mamá despertara de la anestesia. Vivió sólo una hora.

La nena todavía sigue aferrada a la vida. Quietita como una muñeca, y sin llorar, espera a su madre en los horarios de visita. Inexplicablemente, mueve el piecito cuando la mamá se lo acaricia y ciñe con fuerzas el dedo de su papá cuando él le toca la palma de la manito.

Los órganos del bebé fueron donados al Incucai. "Me consuela saber que mi hijo va a seguir viviendo en otros niños", dice reconfortada.

El dolor es muy grande. Y la historia sigue aconteciendo. C. y L. no se arrepienten de nada.

"¿Quiénes somos nosotros para decidir cuánto deben vivir nuestros hijos?"

C. y L. aceptaron la vida tal como venía, quizás, porque pensaron que aunque triste, es más humano sepultar a los hijos que deshacerse de ellos.

10 comentarios:

Clo dijo...

Es un relato desgarrador, pero hermoso. El Señor regaló a estos padres el don del amor, amor sin condición. ¿Hay algo más bonito que eso? Gracias por publicarlo, me hace replantearme muchas cosas, mi propia vida, mi propia maternidad.

Un saludo Elige.

Belen dijo...

...sin palabras...

Me ha pasado lo mismo con la entrada de mi querido Angelo.

Un cariñoso saludo elige y gracias ;)

'Mrswells' dijo...

Ojala hubieran podido vivir un poquito mas para hacerles las delcias a sus papas..pero bueno, en paz descansen.
y sus padres seguramente estan en paz con lo que paso.

CHARO dijo...

Vaya historia ten dramática y triste pero a la vez tan llena de amor.Besotes

Crish dijo...

Gracias por la frase "aunque triste, es más humano sepultar a los hijos que deshacerse de ellos.".
me ha emocionado mucho. crish

...PARA DISFRUTAR dijo...

Demasiado duro para ser cierto. Admiro a esos papás , su capacidad de amar y su valentía.
Me pongo en su lugar y me entran escalofríos.
Y entiendo que después del sufrimiento debieron sentir paz al haber seguido adelante , sin poner fin antes de dejar que nacieran.

Saludos, y mi respeto...

Maite C dijo...

¡Qué gran ejemplo dan esos padres!

Y por supuesto, antes sepultar a los hijos sí esa es la voluntad de Dios, que asesinarlos vilmente.
Esta opción no debería ni existir; por lo tanto la derogación del aborto es urgente, muy urgente que se lleve a término.

Estamos poniendo a prueba la ira de Dios.

Un abrazo elige, y ponte en contacto conmigo cuando quieras.

Maite C dijo...

¡Qué gran ejemplo dan esos padres!

Y por supuesto, antes sepultar a los hijos sí esa es la voluntad de Dios, que asesinarlos vilmente.
Esta opción no debería ni existir; por lo tanto la derogación del aborto es urgente, muy urgente que se lleve a término.

Estamos poniendo a prueba la ira de Dios.

Un abrazo elige, y ponte en contacto conmigo cuando quieras.

Martha dijo...

Cuando somos cristianos tenemos la certeza que tenemos los hijos para el Señor. Los hijos son para el cielo y con esa intención los tenemos. Algunos hijos se quedan más tiempo con nosotros en la tierra, otros se nos adelantan y otros pasan a través nuestro como un puente expreso hacia el cielo, como el caso que aquí relatan. No sé si la segunda hija vive o también murió (no lo aclara el relato), pero de ser así, ya tienen dos hijos en el cielo intercediendo por ellos (la Comunión de los Santos, lo llamamos en el Credo). Enhorabuena.

Martha dijo...

Cuando somos cristianos tenemos la certeza que tenemos los hijos para el Señor. Los hijos son para el cielo y con esa intención los tenemos. Algunos hijos se quedan más tiempo con nosotros en la tierra, otros se nos adelantan y otros pasan a través nuestro como un puente expreso hacia el cielo, como el caso que aquí relatan. No sé si la segunda hija vive o también murió (no lo aclara el relato), pero de ser así, ya tienen dos hijos en el cielo intercediendo por ellos (la Comunión de los Santos, lo llamamos en el Credo). Enhorabuena.

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