sábado, 3 de diciembre de 2011

Los últimos mohicanos


Hace unos días el Parlamento Europeo aprobó una resolución para combatir el SIDA que propone, entre otras medidas, el aborto de los niños no nacidos que estén en riesgo de contraer la enfermedad. ¿Por qué este castigo a los inocentes? ¿Son estos niños los culpables de que el SIDA siga extendiéndose ahora que conocemos sus vías de transmisión? Los gobiernos promueven la promiscuidad insistiendo mentirosamente en que el uso del preservativo es garantía para no contraer la enfermedad, y ahora fingen que luchan contra esta plaga legalizando el asesinato de niños en riesgo de padecerla. ¿Es justa esta hipocresía?

Hoy se celebra el día internacional de la discapacidad. Por un lado, se nos anima a reflexionar sobre la situación de aquellas personas que sufren alguna discapacidad física, psíquica o sensorial, mientras por otro, se legaliza el asesinato de niños enfermos o discapacitados. Todos sabemos que hoy por hoy el diagnóstico prenatal lleva a la mayoría de niños con problemas congénitos a la muerte. Los pocos que nacen son ‘los últimos mohicanos’. Pertenecen a una raza rechazada, percibida como una carga por su entorno. Luchan por sobrevivir en una sociedad hostil para la cual son, muchas veces, invisibles. Sé que me diréis que se construyen rampas, se ponen semáforos son sonido para invidentes, y se escriben subtítulos en las películas. Pero todavía hay demasiados centros públicos sin baños adaptados; demasiadas cafeterías donde no se permite la entrada a los perros guía; demasiados colegios elitistas que no desean tener en sus filas sillas de ruedas; Y lo que es peor, estos ‘últimos mohicanos’ ven como muchas parejas abortan a sus hijos porque no quieren que sean como ellos, o los fabrican directamente a la carta obligándoles a pasar un control de calidad antes de permitirles vivir.

Sí, es preciso reflexionar seriamente sobre esta sociedad discapacitada para amar y comprender donde prima lo útil, lo funcional, lo que da dinero, lo fácil. Pensemos en tantas barreras mentales que siguen intactas y que hay que derribar. Y, sobre todo, demos una oportunidad a todos esos niños que viven ya en el seno de sus madres con alguna enfermedad o minusvalía, y que podrían ser felices, aún conviviendo con ese gran misterio que es el sufrimiento. También ellos podrían aportar grandes dones a este mundo egoísta si se les diera la oportunidad de vivir. Su vida tiene una dignidad y un valor tan sagrados como los del resto de la humanidad. Las próximas generaciones nos juzgarán.
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).