miércoles, 6 de abril de 2011

¡Que se nos conceda reencontrarnos, ladrones felices, en el paraíso!


Si me sucediera un día -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que parece querer involucrar ahora a todos los extranjeros que viven en Argelia, desearía que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida estaba entregada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal. Que oraran por mí: ¿cómo podría ser hallado digno de tal ofrenda? Que supieran asociar esta muerte a tantas otras igualmente violentas, relegadas a la indiferencia del anonimato.

Mi vida no tiene más valor que otra. Tampoco menos. En cualquier caso, carece de la inocencia de la infancia. He vivido lo suficiente como para saberme cómplice del mal que, lamentablemente, parece prevalecer en el mundo, y también de aquel que podría golpearme ciegamente.

Llegado el momento, querría tener ese instante de lucidez que me permitiera solicitar el perdón de Dios y el de mis hermanos en la humanidad, y al mismo tiempo perdonar de todo corazón a quien me hubiera golpeado. No podría desear una muerte semejante. Me parece importante declararlo. De hecho, no veo cómo podría alegrarme de que este pueblo al que amo fuera acusado indistintamente de mi asesinato. Sería un precio demasiado alto para la que, tal vez, llamarán la «gracia del martirio» debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si dice actuar por fidelidad a lo que él cree que es el islam. Conozco el desprecio con el que se ha llegado a rodear a los argelinos globalmente considerados. Conozco igualmente las caricaturas del Islam que alienta cierto islamismo. Es demasiado fácil tranquilizar la conciencia identificando esta vía religiosa con los integrismos de sus extremistas.

Argelia y el Islam, para mí, son otra cosa: son un cuerpo y un alma. Lo he proclamado bastante, según lo que he recibido de ellos concretamente, encontrando ahí con mucha frecuencia el hilo conductor del Evangelio que aprendí en las rodillas de mi madre, mi más temprana Iglesia, precisamente en Argelia y, ya entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes. Evidentemente mi muerte parecerá dar la razón a los que me han tratado a la ligera como ingenuo o idealista: "¡Que diga ahora lo que piensa". Pero aquellos deben saber que por fin se liberará mi curiosidad más punzante.

He aquí que, si Dios así lo quiere, podré sumergir mi mirada en la del Padre, para contemplar con él a sus hijos del Islam como él los ve, totalmente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de su pasión, investidos del don del Espíritu, cuyo gozo secreto siempre será establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.

Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios que parece haberla querido toda entera para ese gozo, a través y a pesar de todo.

En este gracias, en el que está todo dicho ya de mi vida, ciertamente os incluyo a vosotros, amigos de ayer y de hoy, y a vosotros, amigos de aquí, junto a mi madre y a mi padre, mis hermanas y mis hermanos, y a los suyos ¡el céntuplo acordado, como se prometió!

Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí: también para ti quiero este gracias y este «a-Dios» por ti previsto. Y que se nos conceda reencontrarnos, ladrones felices, en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. Amén. Insh´allah.

Testamento espiritual de uno de los siete monjes trapenses -cistercienses de la estricta observancia- secuestrados de su monasterio de Nuestra Señora del Atlas, en Tibhirine, Argelia, en marzo de 1996, y que murieron degollados por terroristas islámicos el 21 de mayo de ese mismo año. El autor del texto, P. Christian de Chergé, era entonces prior del monasterio.

Fuente: Zenit.

8 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Hola a miga: Vengo a decirte que no te extrañe que no venga a comentarte, tengo una importante artritis en la muñeca derecha y con la mano izq. yo no se hacer nada, escribir con un dedo.
Te dejo mi ternura
Sor.cecilia

Capuchino de Silos dijo...

Sí, así fue como perdieron su vida por Cristo.

Gracias. Feliz día

NIP dijo...

¡Ojalá! Sea esa sangre semilla de nuevos cristianos. Un fuerte abrazo.

Teresa dijo...

¡Que texto tan maravilloso!

Belen dijo...

Solo quiero decirte que a mi me encanta tu blog,me parece que haces una labor preciosa.
Un cordial saludo

LAH dijo...

Una preciosidad Elige un abrazo.

CHARO dijo...

UN GRAN CRISTIANO LLENO DE FE, DE AMOR Y UN GRAN EJEMPLO A SEGUIR

david dijo...

he visto la pelicula y es toda una Palabra de Vida para los hombres, todos adoramos y somos hijos del mismo Dios, tambien los musulmanes

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).