lunes, 17 de enero de 2011

El dramatismo del aborto silencioso


Me casé en 1975. Era una época en la que mi fe católica ya no parecía tener sentido y gradualmente me convertí en católica no practicante.

En las clases prematrimoniales el cura nos contó que si hubiera realmente una buena razón para retrasar el comienzo de una familia, entonces las píldoras para controlar la natalidad eran una opción que se podía tener en cuenta. De lo que no me di cuenta fue de que era un mal consejo teológica, espiritual, psicológica y físicamente hablando.

Tres meses antes de mi boda empecé a tomar la píldora. Continué tomando la píldora durante dos años hasta que pareció que era el momento de empezar a tener hijos. Cuando dejé la píldora, quedé embarazada inmediatamente y tuve una preciosidad de niña. Volví a tomar la píldora hasta que mi hija tenía trece meses. En ese momento, pensé que ella necesitaba un hermano y dejé de tomarla. Otra vez, quedé embarazada casi de inmediato. De esta forma, aprendí la lección de que no tomar la píldora equivale a tener innumerables niños. Esta vez tuve unas preciosas niñas gemelas.

Cuando mi matrimonio comenzaba su espiral hacia abajo me centré cada vez más en mis tres hijas. La buena noticia es que retomé mi fe católica. Al tiempo que empezaba a redescubrir mi fe y las enseñanzas de la Iglesia, entendí el precioso plan divino para el matrimonio, incluso entendí de qué iba el método de control de la natalidad natural.

Al mismo tiempo comprendí cómo funcionaba la píldora. Pensé que la píldora era para la fertilidad cuando en realidad no es así. La píldora actúa sobre el óvulo ya fertilizado antes de implantarse en el útero. En otras palabras, las píldoras actúan como abortivos.

No me di cuenta del impacto que esta información tendría en mi, hasta varios años después cuando estaba con un amigo visitando Epcot Center en Disney World. Fue en la exhibición Wonder of Life cuando me di perfecta cuenta de las consecuencias de mis acciones para controlar la natalidad. Cuando empecé a ver un video que mostraba la maravilla de cómo comenzaba la vida, entendí que tomar la píldora en realidad significaba abortar una nueva vida. Por primera vez en mi vida, me di cuenta del hecho de que no sólo me había cerrado la puerta a mí misma a la vida, sino que había destruido un número indeterminado de niños. Salí de la exhibición y había una gigantesca fuente de agua cercana. Avancé hasta ella y comencé a llorar desconsolada. Estuve así durante bastante rato absorta en mis repentinos sentimientos de pena y remordimiento. Por primera vez era consciente de las consecuencias de todo lo que había hecho.

Mientras mi trabajo en el movimiento pro-vida continuaba, yo era más consciente del daño que el aborto hace a las mujeres. Estas mujeres que venían en busca de sanación necesitaban ser una voz para otras mujeres que están aún atrapadas en el dolor secreto del aborto.

La mayoría de las personas que trabajan en ayudar a la gente después del aborto sólo reconoce el dolor y la pena del aborto quirúrgico. Pues desde el fondo de mi corazón puedo decir que la pérdida que experimenté es tan real como si hubiera sido aborto quirúrgico. De hecho, las mujeres que al usar abortivos generalmente tienen un sentimiento de pérdida y dolor tan grande como las demás. E incluso existe un problema mayor: nadie, ni siquiera los que están en programas de recuperación post-aborto, se dan cuenta de la necesidad de llegar a aquéllas como nosotras que sufren en silencio. Me gustaría llegar a todas las que sienten el dolor que he descrito y decirles que también pueden dar los primeros pasos para curarse.

La autora de este escrito es Janet Morana, Directora asociada de Sacerdotes Por la Vida.
Extracto del artículo: Los abortivos, el otro dolor prohibido. Texto completo aquí.

16 comentarios:

Javier dijo...

Buen testimonio. Bueno, me alegro de que haya muchas voces que defiendan la vida. Lamento lo del mal consejo del sacerdote, eso si que es triste, que desde la Iglesia se aconseje algo que va en contra de la ley de Dios.
Saludos

LAHDDEC dijo...

Me gustan siempre mucho tus articulos y paso a darte un abrazo y a decirte que hay que seguir asi poniendo estos testimonios en la red. Gracias.

Capuchino de Silos dijo...

¡Ay los testimonios!
Tengo muy poquito tiempo hoy, pero si puedes, pásate por mi blog solo para que empieces a rezar sin parar, aunque sé que ya lo haces.


Un beso

Rafael dijo...

Me parece un artículo muy interesante. Ya la autora del mismo, muy valiente. No hay cosa más difícil que replantearse cuestiones fundamentales y afrontar los cambios con decisión.

Interruptor dijo...

Al final las personas sensatas se dan cuenta del daño que el aborto supone y, aunque antes hubiesen estado inmersas en esa cultura de la muerte, se dan cuenta de que lo lógico es defender la vida. Es lo que le sucede a esta mujer y lo que le sucede al doctor Nathanson.

Me ha gustado especialmente el artículo que extractas porque es cierto que no se suele dar importancia más que al aborto terapéutico, cuando el dolor no se produce por el paso por el quirófano, sino por el hecho de haber terminado con una vida.

mrswells dijo...

Muy valiente la autora de reconocer su pena

Angelina de Maria dijo...

holita amiga,maravilloso testimonio el de la nota.siempre recomiendo tu pagina a jovencitas para que se enteren que hay varias formas de unirse a la muerte de niños.QUE DIOS ILUMINE TUS PASOS.UN FUERTE ABRAZO .

Xavier Mrtinez dijo...

Dá vergüenza como se defiende a los animales (que me parece perfecto, eh? ) a las reservas marinas o la manzanilla de Sierra Nevada...pero...y los niños?
Quien defiende a los niños que están por nacer?

Kara dijo...

Que pena de niños y de madres. Que pena. Un beso ¡¡¡¡

Magda dijo...

Siempre digo, que en éste tiempo con tantos avances científicos, aún hay mujeres que no saben lo que son las pastillas anticonceptivas...con los jovenes de hoy día pareciera que nadamos contra corriente... lindo testimonio, publiqué tu blog en el facebook. Saludos cordiales

♥Alicia dijo...

Qué fuerte testimonio. Gracias por compartirlo.
No al aborto.
Sí a la Vida.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Siempre había pensado que la píldora, a pesar de ser un método artificial, no era abortivo, si no que modificaba el momento de la ovulación, de hecho se lo prescriben a muchas mujeres con problemas de regulación menstrual. Si lo que pone en este artículo es cierto se podría decir que hay millones de niños abortados aun de madres perfectamente católicas que no tienen la menor idea de este hecho.
Agradecería que alguien pudiera aclarar este tema, me parece de suma importancia.

eligelavida dijo...

La revista "Fertility and Sterility" publicó en noviembre de 2008 unas declaraciones de la "American Society of Reproductive Medicine", una entidad proabortista en la que explica que hay una gran cantidad de anticonceptivos orales que actúan mediante la "inhibición de la ovulación, la alteración del moco cervical y/o la modificación del endometrio, impidiendo así la implantación".

Si no hay ovulación, no hay embarazo. Pero si la forma en la que actúa la píldora es impidiendo la implantación, entonces sí hay fecundación, y lo que se producen son abortos precoces.

A esto es a lo que se refiere la autora del texto cuando dice que descubrió que durante años había consumido un tipo de ‘anticonceptivo oral’ que no era tal, porque su funcionamiento impedía la implantación del embrión, pero no la fecundación, por lo que podía haber estado abortando durante años.

Anónimo dijo...

Gracias por la respuesta, con ella entiendo que cuando los ginecólogos prerscriben una pildora para la regulación de la ovulación no es abortiva.

Gracias.

eligelavida dijo...

Existen diferentes tipos de píldora que actúan con mecanismos diferentes e impiden la ovulación en distintos grados.

Todos conocemos ‘hijos’ de la píldora, porque no es un método infalible y muchas veces se produce la ovulación. En ciertos casos, hay ovulación, hay fecundación y sin embargo ‘parece’ que no hay embarazo. Esto es falso. Lo que se ha producido es un efecto llamado inhibición de la anidación, es decir, ha habido fecundación pero no anidación. Por lo tanto, se trata de un aborto silencioso.

Naturalmente, esto no quiere decir que siempre suceda así, pero las mujeres que toman la píldora deberían estar informadas de que no siempre son ‘anticonceptivas’.

Sinretorno dijo...

Gracias por tu blog.

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