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Cada vez tengo más claro que uno de los signos de nuestra sociedad decadente, además del absoluto desprecio por la vida, es la pérdida del sentido de la procreación, como una participación en la obra creadora de Dios. Hoy la natalidad se ve como una carga que se puede evitar por muy distintos medios o, por el contrario, como un derecho que permite a la persona ser padre o madre recurriendo a todo tipo de técnicas deshumanizadoras.
Lo que hasta hace pocos años era ciencia ficción, en la actualidad son prácticas habituales, dentro y fuera del matrimonio: fabricación de embriones in vitro, donación de óvulos o esperma, manipulación embrionaria, selección embrionaria preimplantacional, utilización de ‘madres’ de alquiler, etc.
Ayer vi Gattaca, una película que plantea un mundo, teóricamente inexistente, pero que ya se encuentra cercano. En él, todos los nacidos son seleccionados mediante un férreo control genético para que hereden sólo los rasgos buenos de sus padres. La eugenesia se practica para lograr seres a los que llaman ‘válidos’, manipulados genéticamente, sanos, no dados a la violencia, asépticos y obedientes. Un mundo que logra la perfección a costa perder el amor y la humanidad.
El protagonista es Vincent (Ethan Hawke) un hombre concebido ‘por amor’, no manipulado genéticamente en un laboratorio, por lo que resulta ser miope. Además, su ADN demuestra que tiene un 99% de posibilidades de desarrollar un defecto del corazón. Por todo ello, Vincent es un ser ‘no válido’. Aunque es fuerte, inteligente y estudioso, la perfecta sociedad en la que vive lo condena a limpiar retretes. Debió haber sido eliminado antes de nacer.
Por si aún no la habéis visto, no voy a desvelar cómo se las arregla el protagonista para conseguir la ilusión de su vida, ser astronauta. Merece la pena ver la película por la cantidad de temas que plantea: la eugenesia, el utilitarismo, el endiosamiento del ser humano que se cree capaz de decidir quién debe nacer y quién no, y el transhumanismo, que defiende la supuesta necesidad de mejorar las capacidades físicas e intelectuales de la especie humana mediante la aplicación de nuevas tecnologías y la eugenesia. ¿Es moral la ingeniería genética humana?
Esto no es simple ciencia ficción. Los niños del mundo de Gattaca son hijos de sus padres biológicos, pero, para eliminar la posibilidad de cualquier imperfección, son manipulados y seleccionados en fase embrionaria, aplicándose la eugenesia con los que no resultan perfectos. No olvidemos que en nuestra sociedad, para eliminar la posibilidad de padecer una enfermedad genética, se fabrican varios embriones en laboratorio y se destruyen a los sospechosamente no válidos. Cuando el niño nace sano, se habla de curación, pero ese pequeño bebé no ha sido curado de nada, simplemente ha sido seleccionado para vivir mientras otros han sido eliminados.
¿Volverá el ser humano a procrear, a comprender que la procreación es (en palabras del Papa Juan XXIII) una misión providencial en la que el hombre colabora personalmente con Dios en la propagación de la vida humana, o acabaremos simplemente ‘fabricando’ a nuestros hijos según nuestros gustos y preferencias, atendiendo a su utilidad, gracias a la tecnología?
Lo que hasta hace pocos años era ciencia ficción, en la actualidad son prácticas habituales, dentro y fuera del matrimonio: fabricación de embriones in vitro, donación de óvulos o esperma, manipulación embrionaria, selección embrionaria preimplantacional, utilización de ‘madres’ de alquiler, etc.
Ayer vi Gattaca, una película que plantea un mundo, teóricamente inexistente, pero que ya se encuentra cercano. En él, todos los nacidos son seleccionados mediante un férreo control genético para que hereden sólo los rasgos buenos de sus padres. La eugenesia se practica para lograr seres a los que llaman ‘válidos’, manipulados genéticamente, sanos, no dados a la violencia, asépticos y obedientes. Un mundo que logra la perfección a costa perder el amor y la humanidad.
El protagonista es Vincent (Ethan Hawke) un hombre concebido ‘por amor’, no manipulado genéticamente en un laboratorio, por lo que resulta ser miope. Además, su ADN demuestra que tiene un 99% de posibilidades de desarrollar un defecto del corazón. Por todo ello, Vincent es un ser ‘no válido’. Aunque es fuerte, inteligente y estudioso, la perfecta sociedad en la que vive lo condena a limpiar retretes. Debió haber sido eliminado antes de nacer.
Por si aún no la habéis visto, no voy a desvelar cómo se las arregla el protagonista para conseguir la ilusión de su vida, ser astronauta. Merece la pena ver la película por la cantidad de temas que plantea: la eugenesia, el utilitarismo, el endiosamiento del ser humano que se cree capaz de decidir quién debe nacer y quién no, y el transhumanismo, que defiende la supuesta necesidad de mejorar las capacidades físicas e intelectuales de la especie humana mediante la aplicación de nuevas tecnologías y la eugenesia. ¿Es moral la ingeniería genética humana?
Esto no es simple ciencia ficción. Los niños del mundo de Gattaca son hijos de sus padres biológicos, pero, para eliminar la posibilidad de cualquier imperfección, son manipulados y seleccionados en fase embrionaria, aplicándose la eugenesia con los que no resultan perfectos. No olvidemos que en nuestra sociedad, para eliminar la posibilidad de padecer una enfermedad genética, se fabrican varios embriones en laboratorio y se destruyen a los sospechosamente no válidos. Cuando el niño nace sano, se habla de curación, pero ese pequeño bebé no ha sido curado de nada, simplemente ha sido seleccionado para vivir mientras otros han sido eliminados.
¿Volverá el ser humano a procrear, a comprender que la procreación es (en palabras del Papa Juan XXIII) una misión providencial en la que el hombre colabora personalmente con Dios en la propagación de la vida humana, o acabaremos simplemente ‘fabricando’ a nuestros hijos según nuestros gustos y preferencias, atendiendo a su utilidad, gracias a la tecnología?
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