viernes, 23 de julio de 2010

El sufrimiento: un lugar sagrado donde Dios habla como por un signo


«Presencia de Francisca. Historia de nuestra pequeña Francisca, que parece deslizarse por días sin historia.

El primer aprendizaje fue superar la psicología de la desgracia. Este milagro que se rompió un día, esta promesa sobre la que se cerró la ligera puerta de una sonrisa tronchada, de una mirada distraída y de una mano sin proyectos, no, no es posible que sea un azar, un accidente. "Le ha sobrevenido una gran desgracia": alguien ha venido, era grande y no es una gran desgracia. No nos hemos contado sermones. No había más que guardar silencio ante este joven misterio que, poco a poco, nos ha invadido con su alegría. Me acuerdo de mis llegadas con permiso a Dreux, a Arcachon, con qué angustia la última... Sentía acercarme a esta cuna sin voz como a un altar, como a algún lugar sagrado donde Dios hablaba como por un signo. Una tristeza penetrante y profunda; profunda, pero ligera y transfigurada. Y alrededor de ella, una adoración, no tengo otra palabra.

Con toda seguridad, nunca he conocido de forma tan intensa el estado de plegaria como cuando mi mano le decía cosas a esta frente que no respondía nada, cuando mis ojos se arriesgaban hacia esta mirada distraída, que llevaba lejos, lejos por detrás de mí, no sé qué acto emparentado con la mirada, un acto que miraba mejor que la mirada.

Misterio que sólo puede ser de bondad; me atreveré a decir: una desgracia demasiado grave, una hostia viva entre nosotros, muda como la hostia, resplandeciente como ella».

El autor de este texto, Emmanuel Mounier (1905-1950) es, como escritor y filósofo, uno de los más importantes representantes del movimiento personalista cristiano. Aquí reflexiona en torno al tema del dolor, abordando un hecho autobiográfico, su amor por su hija Francisca, víctima de una encefalitis a los pocos meses de vida.

jueves, 22 de julio de 2010

Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces...

«Desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces... Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar».

(Donum vitae, I, 1; Evangelium vitae, n. 60).

miércoles, 21 de julio de 2010

"Curar" matando no es un acto médico


La llamada doctrina del "bien superior", defendida por muchos filósofos y científicos, afirma que todo, incluso las personas, pueden ser sacrificadas para lograr un bien mayor; en otras palabras, que "el fin justifica los medios". Veamos unos ejemplos:

Hoy sabemos que en Australia, entre 1945 y 1970, cientos de niños huérfanos y abandonados fueron utilizados para probar la efectividad de vacunas contra enfermedades como el herpes y la tos ferina. Eran niños a los que nadie quería. Fueron utilizados como cobayas para obtener vacunas seguras con las que poder tratar a la población sana y eliminar enfermedades. ¿Es esto ético?

Otro ejemplo: ¿Es admisible secuestrar a un niño para extraerle los órganos? ¿Nooo? ¿Seguro? ¿Ni aunque sea un "niño de la calle", abandonado y solo, que pasa hambre y no tiene futuro? ¿Ni siquiera para salvar a un niño español que con un transplante podría tener una calidad de vida magnífica, estudiar y ser alguien de provecho para nuestra sociedad? ¿Noooo?

Naturalmente que no, porque cualquier persona sensata sabe que no es lícito hacer el mal, ni siquiera para alcanzar con ello un bien.

Entonces, ¿por qué admitimos que varios seres humanos sean fabricados en una probeta, estudiados, seleccionados para la vida, para la muerte, para la investigación, para ser donados, cedidos, tratados como mercancía o congelados como la merluza? Uno de ellos será elegido para ser el donante de su hermano enfermo... De acuerdo, el fin es bueno, pero los medios empleados para alcanzarlo, son perversos.

Unos que se autodenominan médicos, han conseguido curar a un niño gravemente enfermo, fabricando un hermano a su medida. Para ello han creado varios embriones en un laboratorio, y han seleccionado a uno para vivir porque estaba sano y era compatible con su hermano.

"Seleccionado" significa que ha sido escogido, preferido, designado, lo cual implica que otros han sido rechazados, destruidos, o congelados como embriones no aptos o sobrantes.

¿Qué pensará este pequeño ser humano cuando sepa que no fue concebido en un acto de amor de sus padres, sino fabricado por un técnico de laboratorio que mezcló los ingredientes? ¿Cómo se sentirá al saber que fue elegido porque reunía lo necesario, mientras que otros hermanos fabricados con el mismo fin y de la misma inmoral manera se quedaron en el camino?

¿Y qué dirá el niño enfermo al saber que muchos embriones hermanos suyos han sido eliminados porque padecían su misma enfermedad, o porque no eran compatibles con él?

El bebé medicamento ha tenido suerte. Ha pasado el 'control de calidad. Nuestra sociedad utilitarista lo ha declarado “apto”, “útil”, y por eso, está vivo. Sus hermanos no han sido tan afortunados y ahora están muertos o congelados.

Esto tiene un nombre: eugenesia.

Curar matando no es altruismo, no es ético, no es un acto médico.


Al hilo de la última entrada, he recuperado este post sobre la selección embrionaria y la eugenesia, publicado en Marzo de 2009.

lunes, 19 de julio de 2010

'Compasión' y eugenesia


De vez en cuando leo que en España hay una mayoría de ciudadanos que rechaza el aborto. No lo sé. Francamente, yo no los conozco. Cada vez me cuesta más encontrar auténticos defensores de la vida. Por supuesto, hay mucha gente que se declara antiabortista, pero, a la hora de la verdad, aceptan ‘determinados’ tipos de aborto, justificados, según ellos, por las circunstancias, y el aborto por malformaciones congénitas está a la orden del día: “¿No te das cuenta de que este es un caso muy especial donde el niño va a nacer con una gravísima discapacidad? ¿No crees que es una crueldad traerlo a este mundo para que sufra? ¿Has pensado en sus padres, en el dolor que tendrán que pasar, en sus gastos, en que el niño será una carga para sus hermanos?”

No son frases inventadas. Son las inocentes cuestiones que plantean los defensores de la eugenesia. Esos - muchas veces cristianos - solidarios y compasivos ciudadanos que sólo quieren ‘una sociedad mejor’. Y cuanto mayor es el bienestar económico de un país, más ‘ciudadanos compasivos’ tiene, es decir, más se busca eliminar a los no productivos. Y la forma más fácil de acabar con ellos es en el útero de sus madres.

La eugenesia presupone una mentalidad utilitarista que juzga el derecho a vivir de la persona en función de sus facultades funcionales, de su salud, de la belleza física, del coeficiente intelectual o de su capacidad de hacer dinero. En otras palabras, hace falta ser un egoísta y un hipócrita de narices para defender lo indefendible.

Y por favor, no creáis que los defensores de la eugenesia son seres colorados con orejitas en forma de triángulo, una gran cola que acaba en flecha y un tridente en la mano. No. El inocente y compasivo defensor de la eugenesia se sienta a tu lado en Misa de siete y te da la paz como si tal cosa. Y cuando le dices que es inmoral seleccionar unos embriones para la vida y otros para la muerte, te responde que lo que es inmoral es traer al mundo un niño que sabes que va a sufrir. No se les ocurre pensar que al salir de la iglesia les puede caer a ellos un ladrillo en la cabeza y convertirlos en seres dependientes para toda la vida.

Nuestra cultura es, hoy por hoy, una cultura pagana que no respeta la vida. Podríamos culpar de ello a ciertas ideologías que han imperado en el siglo pasado; al nacimiento de nuevas sectas que fabrican religiones a la carta; a los colegios que dan mala formación; al comunismo; a la masonería; a los medios; a los falsos artistas que blasfeman con su ‘arte’; al nuevo orden mundial; en fin, podríamos justificarnos de mil formas y no acertaríamos a decir que el paganismo que impregna nuestra sociedad nace de nuestra propia mediocridad.

Una intolerable mediocridad que lleva a sostener una cultura insostenible y decadente; que hace que cristianos solidarios y caritativos miren para otro lado cuando sus vecinos, en la búsqueda del ‘hijo perfecto’, recurren a la fecundación artificial, dejando por el camino las vidas de los ‘no deseados’; que hace que muchos que se llaman a sí mismos ‘defensores de la vida’ permanezcan en silencio ante el aborto eugenésico.

Me pregunto si alguno de estos compasivos defensores de la eugensia se han parado alguna vez a pensar en lo altas que son las aceras, en los escalones que hay para entrar en muchos edificios públicos, en la cantidad de hoteles que te dicen que están adaptados para después llevarte al buffet del desayuno atravesando la cocina, en los grandes centros comerciales que sólo tienen un pequeño ascensor, en las puertas de 70 centímetros, en los baños públicos no adecuados; por no hablar de los prejuicios de los colegios para aceptar a estos niños en sus aulas.

Más solidaridad auténtica y menos 'falsa compasión', porque el que calla y mira para otro lado, también es culpable.

jueves, 15 de julio de 2010

Si quieres vivir, no dejes de parpadear


El británico Richard Rudd, de 43 años, logró evitar que le practicaran la eutanasia parpadeando ansiosamente después de que su familia y los médicos decidieran desconectar la ventilación asistida.

Richard sufrió un accidente de moto hace un año y desde entonces se encontraba en lo que los médicos diagnosticaron como un coma. Antes del accidente, había dicho a su familia que prefería morir a ser dependiente. Por esa razón, ellos no dudaron en recurrir a la eutanasia. Sin embargo, en el momento de ir a desconectarlo, todos pudieron ver que Richard parpadeaba, por lo cual comenzaron a comunicarse con él. Le dijeron que si movía los ojos hacia la derecha significaba "No", y si los movía hacía a la izquierda, era un "Sí". Le preguntaron tres veces si quería seguir viviendo: en las tres ocasiones Richard respondió claramente que sí.

Cuántas personas hablan frívolamente sobre este tema y, llegado el momento, no desean que se las mate, sino que se les ayude a vivir, aunque sea en condiciones de dependencia total, como es el caso de este británico, cuya memoria, a pesar de todo, está intacta.

¡Y cuántos habrán visto como son desconectados por algún médico que decide que ‘hasta aquí hemos llegado’! Ya sabes, si quieres vivir, no dejes de parpadear.

martes, 13 de julio de 2010

«Me parezco a mis padres»


Dicen que cuando uno tiene un hijo le cambia la vida. Cierto, pero cuando ese hijo nace con una discapacidad, es la vida la que lo cambia a uno. Hace algo más de seis años nació mi hija Antonia. Lo primero que me dijo uno de los doctores que atendió el parto, es que ella "no se parecía a ninguno de sus padres". En realidad lo que en forma poco afortunada quiso comunicarme era que mi hija había nacido con Síndrome de Down: una particularidad genética en la que las células del bebé tienen un cromosoma extra.

Lo que primero aprendí es que uno de cada setecientos bebés nace con el síndrome. En la mayoría de los casos no es un asunto hereditario y se trata más bien de una "lotería" que algunos nos ganamos. Cada persona con Síndrome de Down es diferente de otra, y tienen diferentes capacidades y desarrollan distintas habilidades. Como en todos los seres humanos, los grados de desarrollo cognitivo (por no decir los niveles de discapacidad) varían en cada individuo. Las expresiones "mongolismo" o "retraso mental" han perdido vigencia frente a las evoluciones científicas, psicológicas y socioculturales que se han dado alrededor del tema en los últimos años. Hoy se habla de "discapacidad cognitiva".

Cuando me dieron la noticia, sin embargo, sentí que la tierra se abría y que un túnel negro aparecía en el futuro de nuestra familia. Nuestro primer instinto fue el de hacerla sentir bienvenida, alzarla y abrazarla para que sintiera el amor de sus padres. Y sobre todo protegerla, porque se veía demasiado frágil. Antonia requirió de algún tiempo en incubadora y oxígeno, y esos largos días de hospital y semanas de vela fueron de mucha tristeza y de melancolía. La verdad es que uno siempre quiere que sus hijos estén bien y sabiendo muy poco sobre la condición que afectaba a nuestra hija, pensábamos que sería incapaz de tener una vida normal y tranquila.

En forma que ahora veo egoísta, durante esos meses medité mucho en sobre cómo esta situación nos iba a afectar a todos, pero en especial a mi primera hija, Gabriela, que hoy tiene 10 años. Pero todo es un proceso. El dolor va cediendo poco a poco para dar paso a la alegría: a la felicidad de ver que está sana, y que cada pequeño paso es un logro enorme que consigue. En la medida en que superábamos la ignorancia sobre la condición de Antonia, nos hacía felices cada logro: cuando aprendió a gatear, cuando pudo caminar, cuando dijo sus primeras palabras. Entendimos que Antonia podrá desarrollar al máximo sus capacidades y que con esfuerzo y dedicación, tendrá una vida llena de satisfacciones. Claro: seguramente también tendrá frustraciones y momentos difíciles. Pero eso nos toca a todos, con discapacidad o sin ella.

La cuestión es qué he aprendido de todo esto. He aprendido cosas simples, como que no siempre los médicos tienen la razón. Antonia es igualita a sus padres en muchas cosas. Es inteligente y linda como su mamá y baila muy bien como su papá. Pero también he aprendido cosas más trascendentales. He aprendido a valorar lo que es realmente importante y a rezar únicamente por lo que vale la pena. A vivir cada día con tranquilidad y a no inquietarme tanto por lo que me depare el futuro. He aprendido a ser más tolerante y a no juzgar con tanta dureza. He aprendido a ser más sensible a los problemas que afectan a los demás. He aprendido que las limitaciones en realidad son posibilidades. He aprendido a escuchar a los niños y a comprender el verdadero significado de la llamada "inteligencia emocional".

Mi hija Gabriela es quien mejor ha entendido lo que significa Antonia en nuestras vidas. Alguna vez, cuando vio la tristeza en la mirada de su mamá mientras veía a unas niñas jugando en el parque, le dijo: "Mamá: cuándo vas a entender que Dios nos hizo a todos iguales". U otra vez, cuando en circunstancias similares, me dijo: "Cuándo vas a dejar de estar triste por la hija que no tuviste y vas a estar feliz por la hija que nació". Pero, sobre todo, aprendí lo que es el verdadero amor: el amor desinteresado y sin condiciones: ese es el que nos ofrece Antonia todos los días.

Por: Camilo Martínez Ávila

domingo, 11 de julio de 2010

Ser una gota en el océano

Para quienes no entienden que se puede amar en el sufrimiento, este vídeo nos muestra el testimonio heroico y silencioso de una mujer intrépida y valiente que con su sacrificio hace de su vida una entrega amorosa al más débil y necesitado.

Puede que parezca una simple gota en el océano, pero sin esa gota, decía Madre Teresa, el océano no estaría completo. Disfrutad de estas imágenes. Son fuertes, pero son también una celebración del Evangelio de la Vida. Su protagonista pone en práctica las palabras de Madre Tersa de Calcuta cuando nos animaba diciendo: "Hagamos algo bello para el Señor".

(Publicado en este blog en Marzo de 2009).


sábado, 10 de julio de 2010

Lo intentan, pero no logran callarnos


Un caballero políticamente incorrecto 'plancha' a la Ministra y no se calla la verdad.

¡Qué sorpresa tan agradable he tenido cuando, buscando noticias en Youtube me he encontrado con un rostro amigo! Se trata de D. Luis Arroyo, Presidente del patronato de la Fundación Juan XXIII que, en una reciente visita de la Ministra de Sanidad, y al hacer ésta alusión a la ley del aborto, intervino un momento interrumpiendo a la Ministra para dejar muy claro que el aborto no es un derecho.

La Fundación Juan XXIII es una Entidad de iniciativa privada, sin ánimo de lucro, dedicada, desde hace 40 años, a mejorar la calidad de vida de las personas adultas con discapacidad intelectual y fomentar su integración social. Aquí os dejo su web.

miércoles, 7 de julio de 2010

Salvarlos uno a uno


Una vez más, la sinrazón se ha impuesto. El 5 de julio de 2010 pasará a la posteridad como un día negro en la historia de los derechos humanos. La nueva Ley de "Salud Sexual y Reproductiva" (¡ironías del lenguaje!) da un marco legal al aborto libre, que de hecho ya se practicaba abiertamente en España, bajo un generalizado fraude de ley, conocido y consentido por casi todos. Legalmente, el aborto ha pasado de estar despenalizado en tres supuestos, a ser reconocido como un derecho. No cabe duda de que los empresarios de las clínicas abortistas pueden dormir ya mucho más tranquilos.

¿Y ahora qué? ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados a la espera de los recursos judiciales? ¿Acaso la "causa de la vida" se reduce a la batalla legal? ¡Ciertamente no!... Como dice el refrán, "más vale encender una vela que maldecir las tinieblas". En estos días he recordado una famosa frase de la Madre Teresa de Calcuta, pronunciada cuando el aborto se liberalizaba en Occidente, en medio de fuertes polémicas: "No los matéis, dádmelos a mí. ¡Yo sí los quiero!". Tampoco puedo olvidar que en cierta ocasión un periodista le preguntaba a la Madre Teresa cuál había sido su estrategia para salvar a tantos niños y desahuciados de la vida. Su respuesta no dejaba lugar a equívocos: "¡Uno a uno!"

Pues bien, ha llegado el momento del "uno a uno"… La mayoría de las asociaciones provida han orientado su acción en los últimos años en esta línea. En muchos lugares –también en San Sebastián- ya vienen trabajando con gran éxito grupos de "rescate", bajo la coordinación de la fundación "RedMadre". Decenas de miles de vidas humanas han sido salvadas "in extremis", cuando tenían ya puesta la "cita" en el abortorio. Su método consiste en dar a la mujer embarazada soluciones alternativas al sacrificio de la vida de su hijo: acompañamiento personal, ayuda económica, pisos de acogida, asistencia médica y jurídica, etc. (Me permito dar el teléfono de contacto que coordina todos estos grupos en España: 902-188.988). ¡Es hora de arrimar el hombro!

Se trata de entender que para llegar a transformar la Cultura de la Muerte, la estrategia más eficaz es "de abajo arriba", sin limitarnos al "de arriba abajo"… La batalla legal por la vida se podrá plantear nuevamente en España, con mayores garantías de éxito, cuando salgan a la luz cantidad de niños y adolescentes que han sido rescatados de las garras de la muerte… El testimonio de su gratitud por el don de la vida, será necesario para que la Cultura de la Vida triunfe en el futuro.

No tengo la menor duda de que hay muchos valores en nuestra sociedad, que son resortes muy válidos y positivos en esta dirección que planteo… ¿Cómo es posible que hagamos una valoración tan laudatoria de la adopción de niños extranjeros entre nosotros, mientras que aquí desestimamos como absurda la alternativa de la entrega en adopción del niño? O, por ejemplo, ¿no habrá llegado el momento de valorar si el apadrinamiento de los niños del Tercer Mundo que realizamos a través de muchas ONGs civiles y eclesiales, no debería también ser complementado con el apadrinamiento (en forma de contribución a su alimentación o educación) de los niños que son salvados de ese trágico destino? Y por otro lado, ¿qué decir del abandono y del silencio vergonzante en el que muchas mujeres tienen que vivir el Síndrome del post-aborto, frente a la afortunadamente cada vez más creciente sensibilidad hacia las víctimas de la violencia de género? ¿No habrá que acompañar también a las mujeres que se han quedado moral y psicológicamente destrozadas después de haber abortado?

Tengamos en cuenta que el triunfo de la "causa de la vida" requiere de diversas implicaciones: En primer lugar, del mundo del arte y de la cultura, por el gran influjo que tienen en la conformación de los valores… (Baste señalar la gran aportación de la
película "Bella", de Eduardo Verástegui). Igualmente, el acceso y la utilización ágil de los medios de comunicación, especialmente Internet, en favor de la vida del nasciturus, será algo decisivo. Curiosamente, en el transcurso del anuncio, elaboración y tramitación de esta ley, por primera vez en la democracia española, hemos sido testigos de un notable desplazamiento de la opinión pública hacia el respeto y la defensa del no nacido.

Pero, como es obvio, la clave definitiva del triunfo de la Cultura de la Vida estriba en la educación que reciban nuestros jóvenes. Me parece importante señalar que, en la práctica, uno de los influjos más nefastos de esta ley lo vamos a padecer en su traslado al sistema educativo. La nueva "Ley de Salud Sexual y Reproductiva" pasa por encima, una vez más, del derecho de los padres sobre la educación de sus hijos, al imponer obligatoriamente la ideología abortista y "de género" en la escuela (cfr. Art 5, 1, a).

Está claro que la "causa de la vida" está unida a la "causa de la educación" y a la "causa de la familia". Es fundamental que todos aquellos que partimos de unos valores de pleno respeto a la vida y a la familia (en donde podemos coincidir creyentes y no creyentes), trabajemos en coordinación y cooperación, para educar en la verdadera libertad. Una educación íntegra jamás presentará el ideal de la libertad en contraposición al derecho a la vida de los más inocentes. No podemos convertir la libertad en una frívola licencia, porque eso destrozaría la misma Libertad, además de la Vida.

Autor:

Mons. José Ignacio Munilla Aguirre
Obispo de San Sebastián

lunes, 5 de julio de 2010

Abortar no es expulsar un coágulo de sangre


Encuentro esta descripción del aborto:

"Un aborto no es expulsar un coágulo de sangre. Ni deshacerse de un montón de células sin ningún valor biológico , ni ontológico. El aborto no es interrumpir un embarazo, ni mucho menos recuperar la menstruación perdida. El aborto es mucho más. El aborto es terminar con la vida de un ser humano que es eliminado, la gran mayoría de las veces por procedimientos tan cruentos, que la hipocresía humana dice no poder contemplar pero si permitir".

El aborto es matar a un neonato, cuyo corazón late como el nuestro, que siente como nosotros, que en la mayoría de los casos está conformado, o casi conformado, como un niño, y que lo único que no puede hacer es defenderse del injusto ataque que sufre. El aborto, en muchos casos, es desmembrar a un feto, cuando no romper su cráneo, para poder extraerlo del vientre de su madre, si tiene más de 20 semanas. Algo tan terrible, que su sola consideración, cuando no su contemplación, lleva a la náusea.

Texto publicado por Icue en el blog ‘Un padre de familia’ y que me parece que responde a la perfección a aquellos que afirman que el feto no es persona de la misma manera que la bellota no es roble (¡?).
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).