Varias asociaciones pro-vida han solicitado un referéndum sobre el Proyecto de Ley de Salud Reproductiva y Sexual y, en concreto, sobre la regulación del aborto en él contenida.
La pregunta de esta consulta popular sería: “¿Aprueba la regulación del aborto incluida en la Ley de Salud Sexual y Reproductiva?” (Ver blog de Ignacio Arsuaga).
Con todo respeto hacia estas asociaciones,
me parece un gran error proponer un referéndum semejante. En primer lugar,
supondría negociar lo innegociable. Ya sé que los partidarios del mismo afirman que no se trata de opinar sobre el derecho a la vida, sino sobre la ley Aído. Pero
el resultado tendría consecuencias sobre el derecho a la vida, y eso es inaceptable. ¿O es que la posibilidad de matar al hijo en el vientre materno es una cuestión que puede decidirse por mayoría?
El respeto a la vida no debe depender del resultado de una votación.
Dicen además los defensores del referéndum que el aborto es un mal objetivo y hay que rechazar cualquier ley aprobada que lo multiplique. Bien, pero
¿porqué entonces no rechazamos también la ley actual de despenalización y sólo se pregunta sobre la ley Aído?Esto mismo tendría que ponernos en guardia ante un referéndum.
En estos momentos, no existe un solo partido con representación parlamentaria que se declare en contra del aborto, de TODO aborto, ni que exija que TODA vida humana sea respetada.
Parece que todas estas plataformas pro-vida se suman a la idea del Partido Popular de que YA EXISTE UN CONSENSO SOCIAL SOBRE EL ABORTO, y que ese consenso es inamovible. Por tanto,
no preguntan 'aborto sí', 'aborto no', que, como dice el PP, es un tema superado.
Tan sólo preguntan si la nueva ley debe aprobarse o no. En caso de no aprobarse, seguiría vigente la actual ley de despenalización. Por tanto, lo que el referéndum plantea es la cuestión: ‘aborto sí, según la nueva ley’ o ‘aborto también, según la ley del 85’.
Es evidente que
yo no acepto en absoluto la ley abortista que pretende el gobierno, pero si no la acepto es, precisamente, porque creo que TODA VIDA HUMANA DEBE SER PROTEGIDA. Tampoco acepto la legislación actual, porque el aborto no es aceptable en ningún caso. Y no me gustaría que me obligaran a votar contra la ley Aído, admitiendo así tácitamente la ley de despenalización del aborto que ahora padecemos.
Además,
hay que contemplar la posibilidad de que el referéndum se pierda. En ese caso, la nueva ley estaría refrendada directamente por el pueblo. Ya no sería una ley que “Zapatero no llevaba en el programa electoral y que quiere imponer para distraernos de la crisis, etc, etc”. Sería una ley aceptada por el pueblo español en referéndum.
Supongamos, por el contrario, que las asociaciones convocantes ganan y la ley Aído no es aprobada. ¿Y qué? ¿Nos quedamos como estamos?
¿No supondría eso un gran respaldo a la actual ley de despenalización, una ley asesina causante de cientos de miles de muertos?
Porque a ese referéndum ‘vida sí’ habría que restarle unos 120.000 niños por año para los que el resultado sería ‘vida no’, porque entrarían en los supuestos de la actual ley de despenalización.
¿Es que no hemos aprendido nada en los últimos tiempos? La mayoría del electorado español lleva años votando a dos grandes partidos abortistas que subvencionan clínicas abortivas allí donde gobiernan, que promueven la PDD, que promocionan la píldora abortiva o pesticida humano, que defienden la selección embrionaria preimplantacional, que aceptan la investigación con embriones. En otras palabras,
las dos grandes mayorías en España votan a partidos que se ceban en la dignidad humana.
Un referéndum sobre la ley del aborto supondría preguntar si se acepta el nuevo proyecto de ley o si es mejor dejar las cosas como están. Y muchos, naturalmente, votarían por el ‘mal menor’, es decir, por lo que considerarían la opción ‘más favorable’ a la vida. Una opción imposible, porque una ley que admite que una madre pueda matar a su hijo NUNCA es 'más favorable'.
Votarían 'no' a la ley Aído, pero no estarían votando 'NO' al aborto. Por el contrario, con ello se reafirmaría la repugnante y asesina ley de despenalización del aborto de Felipe González, cuyo mayor defensor es el Partido Popular. En otras palabras,
ganara la opción que ganara, en España ‘difrutaríamos’ de un aborto consensuado.
En Francia el 75% de los católicos practicantes está en desacuerdo con la doctrina católica sobre la anticoncepción y
un 68% cree que la Iglesia debería cambiar su postura sobre el aborto. Y eso, ¡entre los católicos practicantes! ¿Por qué creer que en España las cosas van a ser distintas?
Se que con esta postura me posiciono en contra de la opinión de muchos que, con la mejor de las intenciones, son partidarios de este referéndum. Sólo os pido que meditéis un poco más sobre el tema.
Una cosa es acudir a manifestaciones y otra votar. El pueblo español ha tenido ocasión de votar a partidos que defienden la vida, y siempre ha optado por esas mayorías que, de una forma u otra, defienden el aborto.
Pienso que
en estas cuestiones sólo cabe aceptar una moral de máximos. Nadie otorga a nadie su dignidad, luego
no hay mayoría que pueda quitar a un ser humano su derecho a la vida, ni mayoría que ‘graciosamente’ se lo conceda. La dignidad humana es un hecho previo que existe en toda persona, y que debe ser reconocido por las instituciones.
El Papa lleva años hablando de los principios NO NEGOCIABLES. ¿Y nosotros estamos dispuestos a negociar sobre el derecho a la vida?